Un nuevo despertar de las derechas: producción, circulación y masificación de El libro negro de la nueva izquierda
La industria editorial latinoamericana ha sido un terreno para la formación de un dispositivo de producción, circulación y difusión de ideas de derechas que se materializan y circulan a escala masiva. Un título paradigmáticos de este fenómeno es El libro negro de la nueva izquierda, Ideología de género o subversión cultural, escrito por los autores argentinos Agustín Laje y Nicolás Márquez. Publicado en 2016, se convirtió en best seller por sus ventas masivas, traspasó las fronteras argentinas y se erigió en estandarte de las derechas contra las izquierdas y los movimientos feministas. Su repercusión permitió a los autores vender decenas de miles de ejemplares físicos y digitales en toda la región, realizar giras y presentaciones en diversos países de América Latina y en España y proyectar su figura como intelectuales de derechas. Su masificación habilitó, a su vez, la llegada de Laje y Márquez a distintas fundaciones –tanto religiosas como laicas– y a espacios, think tanks y activistas de derecha que fungieron de anfitriones de diversas charlas y conversatorios. El trabajo analiza el proceso de producción, difusión y masificación de este título desde una sociología cultural que se nutre de los estudios sobre el libro y la edición.
Keywords: Best sellers; nuevas derechas; artefactos culturales; libros; intelectuales
Introducción
En los últimos años, las derechas radicalizadas han ganado espacio en la política latinoamericana. En Argentina, el triunfo del economista libertario Javier Milei en 2023 expresó una transformación política de raíces socioculturales complejas, relacionadas con procesos globales, regionales y nacionales (Bohoslavsky y Broquetas 2024; Pereyra Doval y Souroujon 2024; Pinheiro-Machado y Vargas-Maia 2023; Semán 2023; Stefanoni 2021). Una de las aristas de este fenómeno es la conformación de un dispositivo descentralizado de cultura masiva compuesto por redes, libros y contenidos. Un producto paradigmático de este dispositivo es El libro negro de la nueva izquierda, Ideología de género o subversión cultural, escrito por los argentinos Agustín Laje y Nicolás Márquez. Publicado en 2016 por la filial argentina de la editorial española Unión, el título circuló de manera rápida y masiva en formato papel y por la vía digital. Mediante argumentos esgrimidos por sectores católicos conservadores de la década de 1990, El libro negro fue punta de lanza del combate de los autores contra la llamada “ideología de género”, un corpus ideológico que respondería a poderes globales que, al relativizar el sexo biológico, pervierten valores occidentales sobre la familia.
A diferencia de otros libros producidos por espacios intelectuales conservadores que no trascendieron el círculo restringido, El libro negro se convirtió en un best seller “desde abajo”. En un contexto de masificación de los feminismos y los debates acerca de las diversidades sexuales, el aborto y otros temas que las agendas progresistas pusieron sobre el tapete (Von Lurzer 2022; Cuestas y Pates 2024; Felitti y Palumbo 2024), el libro fue leído, difundido, apropiado y potenciado por miles de lectores, adherentes, simpatizantes y militantes que lo tomaron como una de las “banderas” del movimiento anti género y contra las izquierdas. Además de colaborar a nivel regional en la materialización de las ideas que constituyeron al género como chivo expiatorio para encarar proyectos de restauración (Butler 2024), el libro funcionó como un artefacto cultural significativo en trayectorias lectoras, militantes, vitales, y, consecuentemente, en la visibilización y movilización de ideas, prácticas y repertorios de acción vinculados a las derechas radicalizadas.
El libro negro marcó un antes y un después en la visibilización de estas ideas y de quienes las movilizaron. Traspasó las fronteras argentinas y se erigió en estandarte de sectores liberal conservadores y nacionalistas reaccionarios que se encaminaron de manera fusionada en contra de los movimientos progresistas (Morresi y Vicente 2023). Sus autores realizaron giras y presentaciones en América y en España y proyectaron su figura como intelectuales de derechas reconocidos por sus pares, internautas, lectores, activistas y dirigentes. Este trabajo, enmarcado en un proyecto más amplio, avanza en el estudio del proceso de producción, circulación, difusión y recepción de El libro negro de la nueva izquierda (Saferstein, 2023, 2024; Saferstein & Goldentul, 2024). Buscamos reconstruir el recorrido de este libro teniendo en cuenta los agentes intervinientes (autores, editores, mediadores, periodistas, libreros, lectores) y sus espacios de circulación (ferias, librerías, editoriales). Partimos desde una perspectiva que considera a los artefactos culturales como dinamizadores de relaciones sociales en una coyuntura histórica particular. En este caso, la circulación de un libro “de batalla” —definido así por sus autores— que disputa sentidos en torno a los debates sobre género y a las derivas del progresismo que, para el momento de su publicación, se encontraban en un momento de expansión y masificación.
Primero, presentaremos la estrategia analítica y metodológica. Segundo, abordamos los principales tópicos y argumentos del libro. Tercero, abordamos el momento autoral, teniendo en cuenta las trayectorias de sus autores hasta llegar a la publicación que los posicionó entre las derechas. Luego estudiamos el momento editorial, incorporando la acción de editores y mediadores. En quinto lugar, nos focalizaremos en la circulación teniendo en cuenta las ediciones y presentaciones. Consideramos que estos elementos son fundamentales para comprender la relevancia de este libro que fue convertido en un best selller por su apropiación y recepción masiva por un público lector y seguidor.
Sobre la estrategia analítica y metodológica
Analizar el contenido de un libro no es suficiente para explicar un fenómeno editorial. Es fundamental considerar el circuito productivo, la construcción autoral, las dinámicas de selección y difusión, así como los vínculos de los lectores con el libro. Nuestra hipótesis sostiene que los libros son artefactos culturales esenciales para la creación y diseminación de ideas que generan cohesión social y conforman comunidades y El libro negro ilustra cómo las derechas radicalizadas construyeron una posición confrontativa hacia el progresismo, a la vez que forjaron un sentido de pertenencia colectiva.
La producción editorial es un proceso colectivo que involucra a diversos agentes (editores, escritores, libreros, lectores) e instituciones (editoriales, asociaciones, Estados) en distintos espacios (ferias, librerías, presentaciones). Este estudio adopta un enfoque integral centrado en la producción, circulación y recepción de libros, entendiendo que estos procesos reflejan relaciones sociales fundamentales para la difusión de visiones políticas a través de objetos (Benzecry y Rubio 2018; Bittner 2024).[1] Desde una perspectiva sociológica de la cultura (Hennion 2017; Bourdieu 2011; Becker 2008) el trabajo se enmarca en los estudios sobre el campo editorial y sus actores (Bourdieu 2009; Childress 2017; Thompson 2012) en diálogo con la historia del libro y la historia intelectual (Altamirano 2005; Darnton 2021; Tarcus 2020).
El corpus de análisis está constituido por fuentes primarias y secundarias: libros de derechas, bibliografía especializada, catálogos editoriales. El trabajo de campo comenzó en 2018 mediante la asistencia a presentaciones en espacios públicos y semipúblicos. A partir de esas experiencias de campo, se realizaron cuarenta entrevistas en profundidad a autores, editores, dirigentes y seguidores de Laje y Márquez. Este relevamiento se realizó en el marco del proyecto de investigación UNSAM Investiga “Edición y política. La creación, producción, circulación y recepción de libros, entre el mercado editorial y la esfera pública argentina (2010-2025)”, radicado en el Programa de Estudios sobre el Libro Político contemporáneo (EIDAES/UNSAM).
“Marxismo cultural” como “Nueva Izquierda” e “ideología de género” como método
El libro firmado por Márquez y Laje es una obra cuyo contenido está dividido en dos partes, una de cada autor, antecedida por los agradecimientos, un prólogo firmado por Gerardo Palacios Hardy y una introducción general que se asume como representativa de ambos. Finalmente, se incluye una sección de bibliografía y referencias.
El volumen se presenta como una crítica a la izquierda en general y a lo que los autores denominan la “ideología de género” en particular. Este concepto fue acuñado por sectores católicos en los años noventa para abordar las teorías performativistas acerca del género, pero luego se extendería a sectores cristianos y laicos (Faur 2020). La ideología sería impulsada por una «Nueva izquierda», un marxismo culturalista que tiene a la cuarta ola feminista en su frente, junto a otros movimientos de ideas “foráneas” y “colectivistas” que buscarían reemplazar los valores “occidentales” que los autores defienden (Verbal 2022; Saidel 2024).
En la introducción, los autores diagnostican el estado de las izquierdas y las derechas a partir del Foro de Sao Paulo, blanco apuntado por las derechas en términos conspirativos. El foro es presentado como un “cónclave marxista” que “recluta”, “aggiorna” y “recicla” a la izquierda regional por medio de “calculadas sesiones políticas e ideológicas que buscaron (…) dar nuevos impulsos a viejas ideas” (Márquez y Laje 2016, 16).
Silenciosamente, la izquierda reemplazó las balas guerrilleras por papeletas electorales, suplantó su discurso clasista por aforismos igualitarios que coparon el extenso territorio cultural (…): indigenismo, ambientalismo, derecho-humanismo, garanto-abolicionismo e ideología de género (esta última a su vez subdividida por el feminismo, el abortismo y el homosexualismo cultural) comenzaron a ser sus modernizados cartelones de protesta y vanguardia (Márquez y Laje, 2016, 18).
Este diagnóstico es central en la argumentación en torno a lo que desde este libro y otros denominaron la “batalla cultural” desde una interpretación particular de Gramsci. Los sectores de derechas, “despreocupados y festivos” frente a la caída de la URSS, cometieron un “error de subestimación del enemigo”. Como resultado, el progresismo “hegemonizó las aulas, las cátedras, las letras, las artes, la comunicación, el periodismo y, en suma, secuestró la cultura y modificó la mentalidad de la opinión pública: la revolución dejó de expropiar cuentas bancarias para expropiar la manera de pensar”. Los autores acusan al “centrismo ideológico y el correctivismo político”, por lo que el libro busca “desenmascarar” las “caretas de esta izquierda engañosamente amable y moderna”. Como reconocen que esto resultaría inabordable en un solo libro, abordan “la máscara que influye en Argentina y en Europa”, “la ideología de género, una de las principales pantallas del neomarxismo” (Márquez y Laje 2016, 19), dejando inconcluso el proyecto intelectual que prometían para futuros libros.[2]
Los autores explicitan que su propósito es abordar qué es, cuándo nace, en qué consiste, cómo “afecta” y quién financia la “ideología de género”, compuesta por lo que Laje llama “feminismo radical” —diferenciándolo del feminismo liberal— y lo que Márquez denomina “homosexualismo ideológico”. Lo hacen desde una búsqueda investigativa, presentada como académica, para compartir su conocimiento desde un propósito explícitamente polemista y político. Los autores identifican a adversarios entre sus lectores,[3] a la vez que se posicionan como intelectuales comprometidos desde un “nosotros, que estamos a la derecha” (Márquez y Laje 2016, 221), que no busca agradar sino cuestionar, disputar y vencer. De esta manera, el planteo identifica una situación problemática, la diagnostica y explica e interviene políticamente desde cierta evidencia empírica que funciona como explicación y respuesta ideológica, sin “corrección política”, postura que se encargarán de resaltar en el texto y sus intervenciones.
En relación con la presentación de las evidencias y los argumentos, el libro cuenta con más de 600 notas al pie que ofician de aparato legitimador. Por un lado, las referencias a informes de organismos de distinta procedencia, sumados a las noticias periodísticas de medios de mayor o menor reconocimiento son el sustento que los autores y lectores resaltan. Los usos de estas fuentes pueden aparecer descontextualizados y deshistorizados o provenir de fuentes de información no verificadas, pero funcionan al servicio de la argumentación en tanto “dato”. Asimismo, recurren a sus interpretaciones de textos clásicos del marxismo, de la teoría crítica y las ciencias sociales y humanas para “demostrar” sus argumentos.
A diferencia de otros textos conservadores, El libro negro reúne autores de derechas que no solían convivir. Como destaca Sergio Morresi (En prensa), los autores recuperan postulados de pensadores del nacionalismo reaccionario junto a pensadores del liberalismo conservador, posturas históricamente contrapuestas. Así, el referente de la Action française Charles Maurras y el fundador de Tradición, Familia y Propiedad Plinio Corrêa de Oliveira se encuentran en el texto con el economista de la Escuela Austríaca Ludwing von Mises y Milton Friedman, de Chicago. Como argumenta Morresi, el libro adelantaba una fusión, una búsqueda de convergencia entre las familias derechistas que históricamente habían encauzado sus intervenciones y disputas por separado. La “ideología de género”, asociada a un colectivismo que subvierte valores que desembocan en un izquierdismo de nuevo tipo debía ser combatida, desde la perspectiva de los autores, desde diferentes puntos de apoyo teórico y político. Como se encargaría de sintetizar Márquez en presentaciones, la batalla cultural de la derecha emergente debía estar llevada desde una cadena de equivalencias que reuniera a “liberales que defiendan la vida desde la concepción, conservadores que entiendan la tradición al servicio del progreso y nacionalistas que no confundan el amor a la Patria con el amor al Estado”.
Nicolás Márquez y Agustín Laje: función intelectual e intervención política
El rol autoral es resultado de instancias de legitimación, consagración y construcción colectivas hacen de quien firma, el “propietario” del texto. Esa autoridad habilita a que un autor pueda ser considerado un referente cultural, intelectual o político por las ideas que difunde, por los modos en que se presentan, así como por cómo se construye el lugar del autor, su trayectoria. Las referencias sobre los autores en los textos y en sus mediaciones hacen al lugar social que ocupa en tanto “marca” de la editorial, de un grupo político o intelectual. Aunque en el caso que se analiza aquí, las plataformas de intervención principales pertenezcan al ámbito digital, los autores realizan acciones tradicionales de intervención pública, como apariciones en medios, participación en eventos políticos y organizaciones, así como la publicación de libros.
Las representaciones sobre su oficio y su rol, producto de la ampliación de la mirada en relación con los actores, medios y objetos que intervienen en el proceso de producción (English 2005), resulta clave para entender el lugar de referencia que obtienen, la performance que abona ese rol y el vínculo con sus seguidores. El tono “facultativo, pausado y pedagógico” de Laje y el modo “polémico, enérgico y muchas veces sarcástico” de Márquez –así presentados en la introducción– son apuntalados por una performance pública afín. Por un lado, el lugar de la formación educativa y el recorrido autoral, así como sus espacios de intervención política o cultural refuerzan su marcación como especialistas o expertos, a la vez que como intelectuales comprometidos. Estos factores, observados en el libro e intervenciones colaboran en su posicionamiento como productores privilegiados de visiones del mundo (Rubinich 2011), posición refrendada por los pares y seguidores con quienes establecen un vínculo de afinidad.
Nicolás Márquez nació en 1975 en Ramos Mejía (provincia de Buenos Aires), en el seno de una familia atea. Durante los años noventa, momento en que estudiaba Derecho en la Universidad Nacional de Mar del Plata, militó en CREAR, ligada al menemismo universitario. En ese ámbito de sociabilidad se formó en el liberalismo y luego derivó hacia el antiperonismo, el anticomunismo, el catolicismo y el interés por la historia reciente. Sus compañeros de ruta lo definen como un joven muy “ideologizado” a la vez que estudioso, que “encontró la fe” católica de adulto, cuando se vinculó con el círculo del Opus Dei en Mar del Plata.[4] Márquez también estudió Ciencias de la Educación en la Universidad FASTA (Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino), un espacio donde forjó vínculos dentro del espacio católico, como el abogado Gerardo Palacios Hardy.
En las solapas de El libro negro… es presentado como ensayista y analista político, como autor de doce libros y como conferencista. Además de resaltar sus estudios universitarios, se destacan su paso por el Centro de Estudios Hemisféricos de Defensa de Washington, donde estudió contraterrorismo entre 2008 y 2009. Asimismo, se resalta su participación en Prensa Republicana, el diario digital que en 2015 reemplazó a su periódico previo, Prensa Popular.
Hasta el momento de la publicación, Márquez tenía una trayectoria híbrida con vínculos dentro del liberalismo conservador y también en el nacionalismo, de la mano de la revista Cabildo y de Vicente Massot a quien considera como uno de sus maestros. Sus libros hasta 2016 abordaban las biografías de líderes “populistas” de la región y revisaban los setenta. Sin provenir generacional ni familiarmente del entorno militar, Márquez desarrolló la crítica a lo que los sectores castrenses catalogan como “relato oficial” y parcial, construido desde el Estado. Como “emprendedor de la memoria, su primer libro[5] le permitió hacerse conocido en foros online de derecha y en redes de sociabilidad de militares (Ferrari 2009; Lvovich y Grinchpun 2022; Jelin 2017).
Agustín Laje, por su parte, nació en 1989 en la ciudad de Córdoba, en el seno de una familia de clase media católica. Como relata en su documental biográfico (Beglenok, Ialorenzi, y Beglenok 2022) y en el trabajo de Elman (2018), Laje estudió en un colegio privado y laico. Allí inició su activismo sobre los setenta, cuando conoció a Márquez por medio de la lectura y en 2004 personalmente en una presentación en Córdoba. Publicó cartas de lectores y notas en La Nación y La Nueva Provincia, con cuyo director, Vicente Massot, Márquez estaba conectado y fundó el Movimiento por la Verdadera Historia. Obtuvo la misma beca de Márquez para estudiar en Estados Unidos y al momento de publicar El libro negro había finalizado de cursar Ciencias Políticas en la Universidad Católica.[6]
En 2011 publica su primer libro, Los mitos setentistas en cuya presentación Márquez destaca su juventud, su ímpetu y consistencia que le auguraban una promisoria carrera intelectual. El eco que generó su libro le permitió ingresar definitivamente al circuito de sociabilidad de la derecha argentina. En 2012 crearía el Centro de Estudios Libertad y Responsabilidad (LIBRE), donde discutían “libros e ideas”[7], publicaban notas y también se activaba políticamente en las manifestaciones opositoras al gobierno nacional. Como think-tank orientado a la influencia cultural, se presentaba junto a Prensa Popular, una radio y una editorial, ContraCultura, bajo el cual se publicó un solo título: Cuando el relato es una farsa: La respuesta a la mentira kirchnerista (2013), su primer libro en coautoría, donde retoman los argumentos contra el kirchnerismo, como movimiento que utilizó la causa de los derechos humanos como herramienta para “enaltecer al terrorismo subversivo”, perseguir a militares y lucrar con negocios “infames”.
Durante este tiempo, Laje y Márquez consolidaron su lugar en la comunidad político-ideológica de las derechas argentinas autorizados por la publicación de libros publicados por editoriales afines, plagados de referencias bibliográficas y presentados en eventos desde una performance que reforzaba su posición autoral. Aun cuando su producción circulaba por fuera de los canales de la academia y las universidades, la reproducción en espacios de interlocución propios reforzó su lugar de intelectuales de referencia. Su visibilidad crecería de manera exponencial gracias a su participación activa en redes sociales: Laje ingresó a Twitter en 2010 y a YouTube en 2011, mientras que Márquez lo hizo en 2012 y 2014 respectivamente. También se destacaron en foros como Taringa, espacios de encuentro y sociabilidad (Colley y Moore 2022; Nagle 2018) que Laje describe como de «resistencia al pensamiento hegemónico y al adoctrinamiento» (2016).
Su visibilidad y reconocimiento se expandió a medida que sumaron a su agenda tópicos que trascendieron la discusión coyuntural argentina. Comenzaron a hablar sobre “marxismo cultural”, el “progresismo” y a criticar el pensamiento “políticamente correcto”. Sus intervenciones dieron lugar a un programa intelectual más ambicioso, en oposición a los movimientos de mujeres y los feminismos de izquierda, en el contexto del proceso de su masificación en los países de la región.
Una edición programática
El libro negro… fue publicado por primera vez en 2016 por la filial argentina del Grupo Unión, con una tirada inicial de mil ejemplares. Unión, fundada en España, se especializa en la traducción y difusión de obras vinculadas al pensamiento liberal conservador, con un fuerte énfasis en la Escuela Austríaca. Su catálogo integra tanto temas económicos como autores conservadores y nacionalistas, reflejando una estrategia editorial fusionista.
Unión ya había editado y distribuido obras anteriores de los autores, consolidándose como su casa editorial. Como hemos señalado en otros trabajos (Saferstein, 2023), el director de la filial argentina, Rodolfo Distel, describe a Unión como una “distribuidora de ideas” cuyo objetivo es contrarrestar la hegemonía de las izquierdas: “El marxismo nos ha tomado la palabra. Tenemos que difundir nuestras ideas en la universidad, la empresa y la familia. La gente está más receptiva; es el momento de aprovechar para difundir” (Fundación Atlas para una Sociedad Libre, 2021). Aunque no es una editorial partidaria, Unión está vinculada a un definido universo político-cultural.
En el momento de su publicación, la editorial no formaba parte del mainstream, pero tenía una presencia constante en presentaciones de libros en ámbitos castrenses o religiosos, en conferencias organizadas por think tanks liberales y en su stand anual de la Feria Internacional del Libro. Para su editor, el libro es un artefacto capaz de “cambiar la forma de pensar de muchas personas”, y en ese sentido, considera El libro negro como una obra clave que “marca agenda y relanza la discusión pública” (Entrevista personal, 2019), siempre y cuando se impulse su difusión: “es una carta de presentación (…) el libro es algo que debe caminar”.
Imagen 1. Primera edición de Unión Obtenido de Web Unión
La portada del libro (Imagen 1), diseñada por Ana Sofía Palacios, presenta al Che Guevara, símbolo de las izquierdas latinoamericanas, intervenido con labios pintados de rojo, un logo feminista sobre su boina y de fondo la bandera del orgullo LGTB. A diferencia de las portadas de editoriales comerciales, que buscan reunir públicos diversos y ampliarlos, la de El libro negro explicita una postura y ha resultado un elemento central para quienes se refieren al libro. Es remitida e identificada por adherentes y detractores como una portada provocativa que permite reconocer al libro y asociarlo con sus autores y sus ideas (“El del Che con la bandera de colores”, recordaba un seguidor de Javier Milei en la presentación de su libro en 2022). Lo mismo sucede con el título, una recuperación de la compilación del historiador Stéphane Courtois, El libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión (1997), en donde presenta al comunismo como régimen totalitario, culpable del asesinato de cien millones de personas. Esta tesis es retomada por Márquez y Laje, quienes la actualizan en su argumento sobre la «nueva izquierda», surgida tras la caída del régimen soviético.
Márquez: Cuando contratamos personalmente a la diseñadora, le dimos las directivas de cómo queríamos el libro. Queríamos hacerlo provocativo, agresivo, polémico, que despierte curiosidad. Y la tapa es una marca registrada (…) todo el mundo identifica al libro con la tapa… (Laje 2021).
El texto de contratapa refuerza el posicionamiento antiizquierdista, cuando refiere a la “ideología de género” como parte de una “ensalada vanguardista” escudada bajo lemas nobles, que funcionan como “caretas” para “capturar” y “adoctrinar”. Esta argumentación se conecta con el refuerzo en la contratapa de la “audacia” de los autores del “primer libro publicado en Argentina que ataca y cuestiona los dogmas de un progresismo revolucionario”. Este señalamiento de originalidad será fundamental para la consagración de los autores, autorizados y legitimados por la publicación de un libro que sería considerado como un hito fundante del movimiento que se expandiría en torno a la “batalla cultural” de las nuevas derechas.[8]
Como ocurre con muchas publicaciones surgidas de espacios ideológicos definidos, cuya relación con el mercado editorial es liminal, la publicación contó con el respaldo de su círculo cercano. La página legal señala el patrocinio de Prensa Republicana y de LIBRE. Además, en los agradecimientos los autores reconocen el apoyo de distintas personalidades tanto del ámbito liberal conservador como del nacionalismo católico. Entre ellos, los abogados Gerardo Palacios Hardy y Roberto Castellano, nacionalista católico Cristián Rodrigo Iturralde, el economista liberal Iván Carrino —quien haría una reseña crítica (2018)— y el intelectual Mario Caponetto, de la revista nacionalista y antisemita Cabildo.
El abogado Gerardo Palacios Hardy es una figura activa en los círculos profesionales e intelectuales católicos. Es vicepresidente del Instituto de Filosofía Práctica, de la Academia del Plata y de Justicia y Concordia, una asociación de abogados fundada en 2009 para observar a jueces intervinientes en procesos por crímenes de lesa humanidad reabiertos durante el gobierno de Néstor Kirchner. Su relación con Nicolás Márquez comenzó cuando dio una conferencia en FASTA y se fortaleció a través de su vínculo mutuo con Vicente Massot, a quien Márquez considera su “padrino intelectual”. Posteriormente, Palacios Hardy conoció a Laje, a quien describe como un joven meticuloso, en contraste con el estilo más “brutal” de Márquez. Esta dinámica permitió que ambos autores se complementaran y trabajaran con «buena química» (Entrevista personal, julio de 2024). Describe al libro como un hito importante porque aborda un tema “universal” y reconoce a Laje como el “inspirador” del proyecto, por su línea de trabajo más amplia que la de Márquez, quien igualmente “había advertido la problemática de la ideología de género viajando por países americanos”.
Como abogado, Palacios Hardy ha participado en debates públicos sobre el matrimonio igualitario, el aborto y la defensa de la familia. Apoyó el proyecto de El libro negro por su originalidad y ayudó a obtener financiamiento para su publicación. En el prólogo describe a Márquez y Laje como jóvenes «políticamente incorrectos», guiados por una pasión por la verdad que desafía la “maquinaria de propaganda” ideologizada. Esta búsqueda conecta los debates sobre el pasado reciente argentino con problemas globales que afectan el orden social cristiano, entre ellos, la expansión de la “ideología de género”.
De los círculos derechistas a su expansión latinoamericana
La circulación del libro se inició entre los espacios tradicionales a los que pertenecían los autores, quienes tuvieron un rol activo en su impulso. El libro fue de menor a mayor en un contexto de transformaciones políticas y culturales que propiciaron su masificación. Esta no solo se debió a que sus temas llegaron al debate público, sino también a las nuevas formas de sociabilidad política que promovió, tanto en encuentros presenciales como en la esfera digital. La distribución del libro se nutrió de una conversación activa en las plataformas digitales de los autores, como Facebook, Twitter y luego Instagram, que sirvieron como espacios de interacción entre productores y consumidores de contenido, tanto a nivel nacional como regional. Este ecosistema digital, complementario y autónomo de los medios tradicionales, generó un espacio de sociabilidad política en el que se discutían las ideas del libro y de sus autores. Este entorno no solo movilizó a sectores afines, sino que también fue clave en la politización y radicalización de jóvenes internautas, quienes encontraron en el libro y sus autores referencias centrales para su involucramiento en debates públicos (Semán 2023; Vázquez 2023).
El libro inició un recorrido habitual con una presentación[9] en el Círculo Militar de Buenos Aires –un club nacionalista que nuclea a militares retirados– el 22 de junio de 2016. Contó con la participación del prologuista y mecenas Palacios Hardy y con la moderación de Ezequiel Gigante, por entonces dirigente de Ucedé, partido derechista que había tenido su apogeo en los años ochenta. Los autores, en retrospectiva, recuerdan los inicios “modestos” del libro ante un auditorio compuesto por adultos mayores para quienes la “ideología de género” era un tópico fuera de tono con los problemas de entonces. Al mismo tiempo, resaltaban la “militancia” por “predicar” un libro sobre el que una editorial como Unión no podía destinar una campaña como las de una editorial comercial.
Márquez: La primera presentación del libro fue en el Círculo Militar con un público muy mayor de edad. Estaba lleno, había unas 400 personas. La gente quería saber de qué se trataba pero me acuerdo que me fui apesadumbrado. Primero, no se vendieron muchos ejemplares, no fue una barbaridad. Segundo, era un público mayor. Tercero, o nosotros no nos supimos explicar bien o el público no nos entendió. Un poco por el debut, donde uno todavía no tiene armado el speach, no lo tiene pulido, y otro porque quien iba pensaba escuchar otra cosa. Después hicimos gira nacional por Argentina, con auditorios modestos. No eran los grandes teatros que llenamos en tantos lugares después con 3000 o 4000 personas. Eran auditorios de 80 personas (…) Nos pusimos el libro al hombro y salimos a predicarlo, pero nos costó un esfuerzo terrible que eso explotara.
Laje: …Yo también me fui con la sensación de que nadie nos había entendido o que quizás nos explicamos mal o que no tenía relación con la realidad (Laje 2021).
A esta presentación le siguió una primera gira por distintas partes del país: Buenos Aires, La Plata, Corrientes, Mar del Plata, Mendoza, San Martín de los Andes, San Luis, Tucumán y San Juan, entre otros, gracias al auspicio y apoyo de pequeñas fundaciones liberal conservadoras –como el Club de la Libertad de Corrientes–, por espacios católicos –como el Museo Beato Angélico de La Plata–, nacionalistas –como el partido Fuerza Republicana de Ricardo Bussi en Tucumán– y por grupos activistas, como el Movimiento por los Valores y la Familia, de San Rafael, Mendoza. (Imágenes 2 y 3).
Los autores ya eran reconocidos entre espacios de derechas que, como parte de sus actividades, lograban reunir fondos y solventar los traslados de los autores: “Metimos 300 personas en el salón de la Catedral de San Rafael cuando empezaba el tema pero no tenía el auge de ahora”, explica un dirigente conservador de un espacio que “organizaba eventos que tienen que ver con lo que ahora se llama la batalla cultural” (Entrevista personal, agosto de 2024). La gira fue fundamental para reforzar una sociabilidad derechista, reproduciendo rituales y la densificación de una narrativa en donde las ideas liberales y conservadoras podían encontrarse con las nacionalistas, ya no solo en el libro, sino también en auditorios.[10]
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Imágenes 2 y 3. Presentaciones del libro en 2016 Obtenido de: Prensa Republicana.com
La circulación del libro se desarrolló simultáneamente en formatos físico y digital. Al principio, se comercializaba a través de la web de los autores, la editorial, pequeñas librerías y Amazon, donde logró proyectarse internacionalmente. Entre junio y septiembre de 2016, alcanzó el estatus de “best seller internacional de Amazon” (Imagen 2), al ubicarse entre los primeros puestos de libros de política. En sus sitios web, los autores promovían su gira y publicaban las primeras notas en medios especializados, destacando una entrevista realizada por el periodista Ceferino Reato en Infobae, quien luego presentaría la segunda edición del libro. Este impulso inicial se expandió rápidamente por toda América Latina, en gran parte gracias a la creciente notoriedad de los autores como influencers de derechas, cuyos contenidos comenzaron a ser consumidos a gran escala. Desde su lanzamiento, vendió decenas de miles de copias en papel y se distribuyó masivamente en formato digital, disponible en Amazon y en varios sitios de derechas y bibliotecas digitales.
El libro se consolidó como un éxito editorial latinoamericano, especialmente por su enfoque en la ideología de género, un tema que ya contaba con alta visibilidad en varios países de la región. Tanto en los países que tenían una agenda políticamente progresista, como Ecuador, como los que llevaban una agenda liberal conservadora, como Paraguay, predominaba una perspectiva conservadora sobre el género. Los autores relatan que su primera y “austera” gira nacional dio pie a presentaciones por todo el continente, que se extendieron durante meses. Como “expertos” y “especialistas” en la materia, dictaron decenas de conferencias, presentándose como referentes que intervenían con un libro que servía tanto como fuente de conocimiento como herramienta de lucha para activistas de un movimiento antiprogresista.
Además de sus presentaciones en auditorios patrocinados por organizaciones y fundaciones de la derecha, los autores ofrecieron entrevistas en medios de comunicación, donde debatieron con adversarios a quienes etiquetaron como “socialistas”, “liberprogres” y “zurdos”. Muchos de estos debates fueron grabados y subidos a sus cuentas de YouTube, donde los títulos de los videos contribuían a una narrativa épica en la que se presentaban como “guerreros” capaces de “destrozar” o “humillar” a sus rivales, en un contexto donde la hegemonía de las izquierdas era denunciada (Laje 2017b; 2017a; 2021; Márquez 2019).[11] Los comentarios en estos videos multiplicaban la conversación digital en torno al libro. Los internautas elogiaban las intervenciones de los autores, discutían sobre el impacto del feminismo en sus países y los reconocían como portadores de verdades que muchos temían expresar. A su vez, solicitaban conferencias en sus ciudades.
De esta forma, Laje y Márquez se establecieron como voces relevantes en América Latina, en un contexto donde las políticas de género y los movimientos feministas cobraban protagonismo. Los autores eran percibidos como representantes de un movimiento de resistencia ante estos avances. Fundaciones liberales y conservadoras, ONGs e instituciones educativas, tanto religiosas como públicas, en países como Chile, Bolivia, Perú, Paraguay, Colombia, Ecuador, Panamá, México, El Salvador, Costa Rica, Estados Unidos y España, acogieron a los autores en conferencias, presentaciones y cursos sobre la “ideología de género”. [12] Un ejemplo destacado fue la invitación oficial que recibió Agustín Laje para disertar sobre género y marxismo cultural en el Congreso Nacional de Perú en noviembre de 2018, un evento que fue transmitido por la televisión pública.
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Imágenes 4, 5 y 6. Participación de los autores en México, El Salvador y Perú Obtenido de: Facebook Agustín Laje
La circulación fue también potenciada por ediciones de fundaciones, espacios de formación, think tanks y editoriales programáticas de la región.[13] La Fundación española Hazte Oír (2018), fundada por Ignacio Arzuaga, la editorial religiosa uruguaya Pesur (2019), el colombiano Instituto de Investigación Social Solidaridad (2021) y el sello chileno de derechas Zorros y Erizos (2023) lanzaron ediciones propias que fueron o bien comercializadas, o bien distribuidas entre seguidores o miembros de las congregaciones.[14] En Perú el libro también fue publicado pero bajo una edición “pirata”, con una portada intervenida con la leyenda “#ConMisHijosNoTeMetas”, en relación con el movimiento religioso iniciado contra la inclusión de un enfoque de género en las escuelas. El libro resultó un insumo para quienes impulsaron el movimiento activista anti-género surgido en Perú en 2016 en oposición a la incorporación del enfoque de género en el Currículo Nacional de Educación Básica Escolar (Quequejana Melo 2021). Asimismo, se expandió hacia Argentina, Ecuador, Colombia, Panamá, Bolivia y Chile, gracias a la colaboración y participación de organizaciones y referentes, entre ellos Laje y Márquez.
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Imágenes 7, 8 y 9. Ediciones de Chile, Uruguay y Colombia Obtenido de: WWWeb
Imagen 10. Edición pirata de Perú Fuente: Colección personal
Imagen 11. Edición de Hazte Oír (España) con dedicatoria Fuente: Colección privada Elisa Cabrera
El libro fue traducido para el público brasileño y estadounidense. La traducción al inglés fue realizada en 2019 por Leandro Gabrielli y publicada de manera autónoma, en el marco de la presentación de Agustín Laje en Nueva York titulada “La familia ante la ideología de género”, en la iglesia World of Life. En Brasil el libro tuvo dos ediciones, en 2018 por Danubio Editorial y una reedición de 2024 por Vide, editorial comercial que también publica a Olavo de Carvalho y a otros referentes de la derecha regional.
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Imágenes 12 y 13. Ediciones en Brasil Obtenido de: Amazon.com
Imagen 14. Edición en Estados Unidos Obtenido de: Facebook de Agustín Laje
Mientras estos eventos se desarrollaban, los autores mostraban en sus redes los exitosos recibimientos que obtenían por parte del público latinoamericano, la masividad de sus conferencias y sus repercusiones. Al mismo tiempo, comunicaban los conflictos, “escraches”, protestas y “amenazas de muerte” que sufrían por parte de militantes feministas e izquierdistas.[15] En su recorrido como best seller, el libro era inscripto por los autores en una genealogía de prohibiciones, quema de libros y persecuciones (Darnton 2014), en un gesto que visibiliza y jerarquiza a la obra y a sus autores por abordar tópicos que “incomodan” a una supuesta cultura dominante que busca acallar voces contrarias. Conferencias organizadas en universidades que eran dadas de baja o el retiro de libros en algunas librerías potenciaron una mística en torno al libro. En 2021, Amazon interrumpió momentáneamente la comercialización del libro, por considerar que la portada era plagiada: “Pasó lo que tenía que pasar. Era inevitable”, comentó Laje en una transmisión junto a Márquez. En la perspectiva de los autores, la baja del libro fue una “censura” que confirmaba el valor del libro por su capacidad de contrariar al poder.
Márquez: A mí me dio mucha lástima, pero te digo la verdad, no me sorprendió.
Laje: No, a mí tampoco.
Márquez: Lo que me sorprendió es que durante tantos años hayamos estado en Amazon (…) Nosotros hemos escrito un libro que ha vendido decenas de miles de ejemplares físicos y virtuales en todo el continente. Tiene cinco años y una vigencia insólita. Nunca creímos que íbamos a llegar a semejante nivel de amplificación. Si yo saco un libro que diga “el capitalismo genera riqueza”, algo trillado, que no molesta a nadie, voy a vender ocho ejemplares para ocho personas ya convencidas de antemano. Seguramente ese libro jamás será censurado porque no va a molestar, no va a generar polémica, no va a afectar ningún interés (Laje 2021)
Así, la censura y el éxito se implicaban mutuamente y el objeto libro y su significante actuaba en tanto fuente de prestigio entre pares y seguidores[16], al tiempo que era vilipendiado por los mismos sectores que el libro denunciaba.
La circulación en la Argentina: desde el antifeminismo al antiizquierdismo
En la Argentina, 2018 marcaría un parteaguas para las condiciones de circulación y recepción de la obra, en un contexto habilitado por la llegada al debate parlamentario y como tema de discusión política del momento, de la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Pero su circulación no se redujo a la cuestión de género, que funcionó como articulador, sino que se amplió hacia la disputa con los progresismos y las izquierdas en general. El libro funcionó como artefacto cultural significativo para activistas y simpatizantes que lo adoptaron como una “bandera” de su posicionamiento y politización.
Cuando el libro salió a luz, la preocupación y “resistencia” en torno a la “ideología de género” estaba circunscripta al universo de sectores conservadores que no activaron amplios consensos.[17] En 2015, las movilizaciones bajo la consigna “Ni Una Menos” se instalaron como tema de debate público, habilitaron una masificación y expansión de los movimientos feministas y de lucha contra las violencias contra las mujeres. Los reclamos pusieron sobre el tapete la exigencia hacia el Estado por un conjunto de derechos esenciales: la protección de la integridad personal, el principio de igualdad y no discriminación. “Vivas nos queremos”, fue uno de los principales lemas de la convocatoria que logró amplio consenso social. La expansión habilitó también la multiplicación de demandas de ampliación de la Educación Sexual Integral, así como la institucionalización políticas de prevención, capacitación y acción en ámbitos nacionales, provinciales y locales (Baez 2021).
El libro fue publicado bajo condiciones sociales que si bien podían parecer adversas para la diseminación de un best seller crítico del “espíritu de época”, desde la perspectiva de los editores resultan momentos en los que la producción cultural puede “anticipar” procesos políticos posteriores. Laje y Márquez materializaron en un producto la problemática de la “ideología de género” para una demanda y un público que en Argentina no se encontraba aun visible, a diferencia de otros países de la región. Sería en 2018, con el debate parlamentario en torno al proyecto de legalización de la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) durante el gobierno de Macri, cuando jóvenes y adultos se plegaron a las movilizaciones en defensa de “las dos vidas” (Bessone 2020) y el libro pasó a tener mayor centralidad, incluso como objeto visible en concentraciones y encuentros en donde los autores participaban (Imagen 10).
En un clima de polarización, comenzó a articularse una retórica que se oponía al aborto entendido como crimen, a la vez que promulgaba una defensa de los individuos frente a la injerencia del Estado en asuntos que, desde la perspectiva de estos actores, debían ser competencia de las familias como núcleo de formación y sociabilidad primaria. Mujeres y hombres de fe, conservadores y nacionalistas, muchos sin experiencia política previa, comenzaron a confluir en espacios, marchas y encuentros interpelados por este núcleo de ideas que, en la visión de estos sectores, conectaba con sus experiencias y valores. Así lo identificaban también los autores:
Laje: Lo interesante fue que eso que nosotros escribimos (…)explotó y pasó a ser el tema hasta el día de hoy. (…) El feminismo cada vez insume más recursos del Estado, no solamente en Argentina, sino en todos los países de toda América Latina y España. El libro dio en el clavo, pero nosotros tuvimos que militarlo (…) Cuando un escritor independiente como nosotros publica un libro, no va a tener al diario llamándolo ni a la feria del libro. Nosotros armamos valijas, las llenábamos de libros (…) y recorríamos Argentina como vendedores ambulantes, con los libros a cuestas, llegando a los salones, dando conferencias frente a la gente que haya. (Laje 2021)
Este relato acerca del crecimiento de la circulación se cristalizó con su primer evento masivo en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, invitados por el Centro de Estudios Cruz del Sur. Este espacio de jóvenes nacionalistas y conservadores agrupados para la “batalla cultural” hizo su bautismo público con la presentación “La revolución silenciosa. Diálogo sobre ideología de género y revolución cultural”. Segundo Carafí, fundador del espacio, presentó a los autores y nombró al libro, ante lo cual el auditorio aplaudió masivamente reconociendo la publicación de referencia. Los autores resaltaban su cansancio por la extenuante gira, alimentando el discurso sobre el sacrificio que a la vez les brindaba una satisfacción por llevar adelante la “batalla cultural” mediante un “libro de combate” que llega a “donde hay que meterse: las universidades, los parlamentos, los partidos políticos, los colegios”. La presentación tuvo interrupciones por manifestantes que eran abucheados por el público. Los autores resaltaban sus masivas giras “a pesar de que minorías ruidosas quieran venir a ensuciarla y clausurarla. (…) Somos más de lo que pensábamos” (Cruz del Sur 2018).
Palacios Hardy recuerda el evento como indicador del “cambio de época” generacional en torno a las ideas que los autores pregonaban y que Hardy impulsaba hace décadas en tanto “hombre de derechas”, como se define. “El 80% era de 20 años para abajo (…), ahí yo me convencí”. Reconoce a la juventud como “la materia prima” de los autores, “no solamente acá sino también en América Latina”. Incluso se sorprendió cuando sus propios nietos le preguntaron si era amigo de los autores, aun cuando sus nietos no tenían la “formación para entender ese libro”, pero estaban cautivados por las ideas y el modo de presentarlas.
Las movilizaciones contra el aborto manifestaron el acercamiento entre las derechas liberal conservadoras y nacionalistas reaccionarias que se dio en el plano de las ideas y en el plano de las prácticas, con repertorios de acción que permitieron observar la politización de amplios sectores, en gran medida jóvenes, que se involucraron de manera simpatizante o activista (Vázquez 2023). Esta politización surgió en oposición al progresismo y al feminismo, pero también en oposición a la derecha mainstream representada por el gobierno de Macri, a la que los autores y otras facciones de las derechas radicalizadas consideraban “cobarde” en lo económico y cultural (Morresi y Vicente 2023).
Esto se hizo visible las presentaciones de los autores durante 2018 y 2019 en donde el tópico de la ideología de género pasaba a convivir con otros asuntos globales y locales de lo que pasarían a ser nuevas aristas de la “batalla cultural” de las derechas radicalizadas. La situación internacional, a partir de los gobiernos de Donald Trump en Estados Unidos y de Jair Bolsonaro en Brasil mostraba la potencialidad de las ideas y coaliciones políticas de derechas. A la vez, la coyuntura nacional signada por la crisis económica y política de un gobierno que no cumplía las expectativas de sectores que pasaron de exigir transformaciones más profundas a oponerse cuando la habilitación del debate por el aborto traspasó el límite tolerable. Este movimiento hizo del fusionismo que ya se expresaba en el libro e ideas de Laje y de Márquez no solo una estrategia sino también un puente ideológico que, luego de la pandemia, se convirtió en opción electoral competitiva (Morresi y Vicente 2023).
Desde 2018 se había ido delimitando una “derecha de la derecha” por dentro y fuera de la coalición gobernante que desembocó en el triunfo de La Libertad Avanza en 2023 bajo la fórmula de Javier Milei –economista, autor de libros y personaje recurrente en los medios de comunicación– y Victoria Villarruel –vinculada al activismo por las denominadas “víctimas del terrorismo subversivo”–. Así, con la cuestión de género como elemento articulador, pero con una circulación que implicó una discusión que trascendió a este tópico, El libro negro formó parte medular de la conformación y dinamización de un espacio de ideas, productos y autores, ideólogos, influencers, mediadores, activistas y simpatizantes de derecha que confrontaron con los feminismos de izquierda, con el progresismo, y las izquierdas en general.
Conclusión
Los libros y sus recorridos forman parte de espacios desde donde la cultura y la política se construyen en términos ideológicos, simbólicos y materiales. Su producción cristaliza un conjunto de relaciones fundamentales para la circulación de las ideas: los autores escriben insertos en redes de cooperación colectiva que habilitan su producción; las editoriales seleccionan temas y autores en diálogo con mediadores; los libros generan efectos en su circulación al colaborar en la producción de comunidades de lectores.
En estas páginas hemos reconstruido el circuito productivo de un libro que fue clave para pensar las transformaciones sociales, culturales y políticas de la región en la historia reciente. Teniendo en cuenta las trayectorias de los autores y sus prácticas y posicionamientos en tanto intelectuales; los argumentos del libro que conectan con un contexto de movilizaciones y demandas políticas; de sus ediciones y circulación nacional e internacional a través de eventos que activaron y generaron comunidad, pudimos observar dimensiones políticas contemporáneas a través del prisma editorial.
Antes de la formación de una fuerza electoral competitiva a la derecha de la derecha, el espacio editorial y sus dinámicas fueron testigo de confluencias que promovieron un “nosotros” que protagoniza la política argentina contemporánea. Esta configuración derechista, que desde El libro negro se opone a los feminismos y a las izquierdas no fue meramente una “reacción conservadora” o un backlash. Más aun, la circulación demostró un movimiento que tuvo al libro como bandera, que fue activado y llevado adelante por sectores de las juventudes, intelectuales, ideólogos, dirigentes, simpatizantes, militantes, muchos sin experiencias políticas previas dentro del espacio conservador, que adoptaron una postura inconformista contra el “statu quo” y se involucraron en la “batalla cultural”. En ese movimiento de “rebeldía de derechas” (Stefanoni 2021), la conjunción de lazos políticos y culturales forjados al calor de una sociabilidad en torno al Libro negro fue fundamental.
Este análisis será profundizado al analizar su recepción y apropiación por parte de lectores, simpatizantes y dirigentes. Las sociabilidades de la lectura, el vínculo entre lectores con plataformas digitales, físicas y espacios que construyen a esta producción resultan otra arista para entender la conversación pública de una época. El libro negro cumple diversas funciones entre sus lectores, habilita modos de vincularse y de consumirlo. El libro aportó argumentos para que simpatizantes den la “batalla cultural”, materializó pensamientos que tenían y “no sabían cómo expresar”, les permitió interpretar la realidad a partir de autores “que estudiaron mucho” y dejaron huellas en su vida. El libro operó como marcador de pertenencia, condensó comportamientos y significados y permitió un reconocimiento entre pares. Estas prácticas y significaciones que emergen desde la perspectiva de los actores entrevistados hicieron de El libro negro un best seller desde abajo, desde una editorial que no tenía la capacidad de proyectar una su efectiva circulación. Estos aspectos que no pudieron ser desarrollados en estas páginas por temas de espacio, forman parte de desarrollos próximos sobre un objeto cultural que simbolizó un nuevo despertar para las derechas radicalizadas.
Agradecimientos
El trabajo de campo para este trabajo fue realizado junto a Analía Goldentul. Agradezco a ella, a Sergio Morresi, Matías Grinchpun, Pablo Semán, Melina Vázquez, Martín Vicente, Nicolás Welschinger por los intercambios en torno al manuscrito.