{"id":2236,"date":"2025-07-14T20:15:01","date_gmt":"2025-07-14T20:15:01","guid":{"rendered":"http:\/\/jlacs-travesia.online\/?p=2236"},"modified":"2025-08-19T23:57:11","modified_gmt":"2025-08-19T23:57:11","slug":"paradoja-ladina-y-las-comunidades-afectivas-transhistoricas-en-balun-canan-de-rosario-castellanos","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/jlacs-travesia.online\/es\/2025\/07\/14\/paradoja-ladina-y-las-comunidades-afectivas-transhistoricas-en-balun-canan-de-rosario-castellanos\/","title":{"rendered":"Paradoja ladina y las comunidades afectivas transhist\u00f3ricas en Bal\u00fan Can\u00e1n de Rosario Castellanos"},"content":{"rendered":"<p><strong>Resumen: <\/strong>El siguiente ensayo aborda las desposesiones afectivas y materiales en <em>Bal\u00fan Can\u00e1n<\/em> de Rosario Castellanos. Basado en la teor\u00eda de los afectos y del trauma, estudio las implicaciones pol\u00edticas de la venganza y la culpa como emociones clave que dirigen la afectividad de la protagonista dentro del marco de dominaci\u00f3n patriarcal y ladina. Una lectura transhist\u00f3rica del trauma delinea los lazos entre el pasado colonial y las estructuras del poder agrario en Chiapas para elucidar los contradictorios afectos raciales en el coraz\u00f3n de la sociedad ladina y mestiza. Mi contribuci\u00f3n pretende mostrar las formas en que la novela retrata una memoria afectiva ladina constituida por el \u2018sacrificial\u2019 mito de la modernidad y c\u00f3mo el final de la novela metaforiza el fracaso del Cardenismo agrario en la construcci\u00f3n de comunidades afectivas alternativas.<\/p>\n<p><strong>Palabras clave: <\/strong>Ladino, reforma agraria, modernidad, afecto, memoria, trauma colonial transhist\u00f3rico, Chiapas.<\/p>\n<h4><\/h4>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h4><strong>Discusi\u00f3n preliminar: la escritora y la narradora<\/strong><\/h4>\n<p>Un enorme aparato cr\u00edtico ha situado la producci\u00f3n literaria de la escritora mexicana Rosario Castellanos (1924-1975) en di\u00e1logo con los acontecimientos del M\u00e9xico post-revolucionario. Originaria de Comit\u00e1n, Castellanos fue criada en una \u00e9poca de contradicciones sociales y transici\u00f3n hist\u00f3rica: el sexenio del presidente L\u00e1zaro C\u00e1rdenas (1934-1940) y la reforma agraria de la d\u00e9cada de 1930. La administraci\u00f3n de C\u00e1rdenas expropi\u00f3 casi 50 millones de hect\u00e1reas de tierra para la formaci\u00f3n de ejidos comunales y perturb\u00f3 las r\u00edgidas jerarqu\u00edas sociales de tipo feudal entre los ladinos y la poblaci\u00f3n tzotzil en Chiapas (Joseph et al., 2013, 127). La familia de Castellanos se vio afectada por estas medidas y emigr\u00f3 a la Ciudad de M\u00e9xico alrededor de 1941 (Gates 2018, 285). Seg\u00fan la correspondencia con su ex esposo, Ricardo Guerra Tejada, Comit\u00e1n lleg\u00f3 a ser para ella un espacio b\u00e1rbaro que contradec\u00eda los nuevos valores adquiridos en la ciudad (Tarica 2008, 137).<\/p>\n<p>Siendo mujer, Castellanos recibi\u00f3 una educaci\u00f3n privilegiada para la \u00e9poca y obtuvo una maestr\u00eda en filosof\u00eda por su tesis <em>Sobre la cultura femenina<\/em> sobre la condici\u00f3n de las mujeres en la sociedad mexicana (Ventura Sandoval 1987, 17). Seg\u00fan enfatiza Jos\u00e9 Emilio Pacheco, central a la obra de Castellanos era \u2018la doble condici\u00f3n de ser mujer y mexicana\u2019 (1974, 95). Sus referentes incluyen el pensamiento feminista integracionista y la pr\u00e1ctica de una <em>\u00e9criture f\u00e9minine<\/em>, seg\u00fan sus lecturas de Simone de Beauvoir, Virginia Woolf y Simone Weil (Castellanos et al. 1988, XVI). No obstante, la preocupaci\u00f3n de la autora por la situaci\u00f3n de los pueblos ind\u00edgenas en Chiapas surgi\u00f3 solo despu\u00e9s de visitar el <em>Mus\u00e9e de l&#8217;Homme<\/em> en Par\u00eds. Sus cartas mencionan c\u00f3mo los artefactos etnol\u00f3gicos de su natal Chiapas despertaron su necesidad por involucrarse con la situaci\u00f3n ind\u00edgena en M\u00e9xico (Tarica 2008, 138). En la d\u00e9cada de 1950, particip\u00f3 en el Instituto Indigenista Mexicano y en el Teatro Gui\u00f1ol del Centro Coordinador Tzeltal-Tzotzil (Schwartz 1984, 84). Su trabajo consist\u00eda en promover la agenda \u2018civilizadora\u2019 del proyecto del Estado-Naci\u00f3n Mestizo, ya sea a trav\u00e9s de investigaciones antropol\u00f3gicas o mediante guiones teatrales did\u00e1cticos (Navarrete 2007, 14).<\/p>\n<p>En la obra de Castellanos proliferan las tensiones entre su rebeld\u00eda feminista y las restricciones patriarcales de la \u00e9poca, derivadas de su posicionamiento como intelectual dentro del oficialismo mexicano. Como sugiere Emily Hind, aunque Castellanos aborda temas feministas, es cautelosa y evita posiciones \u2018exageradas\u2019 (2010, 60). Su posici\u00f3n dentro del sistema de castas y clases sociales en M\u00e9xico a\u00f1ade otra capa de complejidad. Si bien como mujer no ocupa el centro del poder, su exclusi\u00f3n es ambigua en el marco de las relaciones coloniales. Las alianzas conflictivas y estructuras de poder contradictorias no son ajenas a su primera novela <em>Bal\u00fan Can\u00e1n <\/em>(O\u2019Connell 1995, 12). Inspirada en las memorias de su infancia, la novela refleja las demandas de g\u00e9nero y las interpelaciones coloniales que atravesaron su cambiante mundo social. Aunque el objetivo principal de este ensayo no sea resolver el debate sobre si <em>Bal\u00fan Can\u00e1n <\/em>es una novela indigenista o feminista, estas discusiones son ineludibles en mi enfoque sobre el tema de inter\u00e9s central: las desposesiones afectivas y materiales expresadas por la voz narrativa an\u00f3nima.<\/p>\n<p>La ni\u00f1a narradora de la primera y tercera partes de <em>Bal\u00fan Can\u00e1n<\/em> ha sido objeto de m\u00faltiples lecturas que buscan contextualizar su funci\u00f3n dentro de los conflictos hist\u00f3ricos y familiares de la novela. Susan Messinger Cypess propone que el yo narrador de la ni\u00f1a tiene una presencia y funci\u00f3n tan significativas como el narrador omnisciente de la segunda parte. Aunque la narradora enfrenta las limitaciones f\u00edsicas, temporales y mentales impuestas por su edad y g\u00e9nero, atraviesa un proceso de formaci\u00f3n y toma de decisiones que desborda el rol cultural pasivo y silencioso tradicionalmente asignado a las mujeres latinoamericanas (1978, 73). Asimismo, la protagonista de <em>Bal\u00fan Can\u00e1n<\/em> es una narradora ambivalente en t\u00e9rminos transculturales (Mel\u00e9ndez 1988, 343). Desde esta perspectiva, la narraci\u00f3n de Castellanos explora una totalidad social marcada por la compleja imbricaci\u00f3n de etnicidad y g\u00e9nero (Sugg 2008, 111). Aunque el conflicto entre ind\u00edgenas y blancos narrado por la nana remite a un evento del siglo XVI, persiste en la memoria como un pasado reciente. La voz de la ni\u00f1a, que narra en presente, crea una sensaci\u00f3n de \u2018eterno presente\u2019 que borra la distancia temporal entre el yo que experimenta y la consciencia de ese proceso (Cypess 1978, 72-73). Su relato trasciende la rebeli\u00f3n de los Tzeltal durante la reforma agraria y expone una lucha m\u00e1s amplia entre los que ostentan el poder y los despose\u00eddos. No obstante, a\u00fan hacen falta enfoques que contemplen la dimensi\u00f3n traum\u00e1tica de los eventos autografiados por la ni\u00f1a narradora y su afectividad en el contexto de los conflictos micro y macropol\u00edticos de la presidencia de L\u00e1zaro C\u00e1rdenas.<\/p>\n<h4><strong>El fantasma colonial y el tormento ladino <\/strong><\/h4>\n<p><em>Bal\u00fan Can\u00e1n<\/em> canaliza a trav\u00e9s de la voz narrativa las paradojas de cambios hist\u00f3ricos que, lejos de converger en una resoluci\u00f3n dial\u00e9ctica, se experimentan desde una conflictividad radical. Mi an\u00e1lisis emplea la teor\u00eda de los afectos y el trauma para explorar las implicaciones pol\u00edticas de la venganza y la culpa como emociones que condicionan el comportamiento de la narradora en el contexto agrario y evaluar su dimensi\u00f3n transhist\u00f3rica. Ambas emociones, vinculadas a su desarrollo como sujeto femenino dentro de un marco de dominaci\u00f3n patriarcal y ladina, resultan cruciales para entender el desenlace tr\u00e1gico e irresuelto de la novela. Propongo que los personajes no son capaces de gestionar los traumas producidos en el pasado colonial y la ruptura violenta de las estructuras agrarias de tipo feudal en Chiapas; por el contrario, la permanencia de afectividades contradictorias hace visible la imposibilidad del cambio hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>El elemento transhist\u00f3rico es una constante en la obra de Castellanos. Un ejemplo claro es su obra de teatro <em>El eterno femenino<\/em>, que busca recuperar el papel hist\u00f3rico perdido de la mujer mexicana y exponer los paradigmas patriarcales que siguen condicionando la vida de las mujeres, incluso ante el avance cient\u00edfico y tecnol\u00f3gico (Cypess 1989, 498). En <em>Bal\u00fan Can\u00e1n<\/em>, Castellanos conecta la injusticia cotidiana que afecta a las mujeres ladinas con la historia acumulada de opresi\u00f3n que padecen los personajes mayas. Por este motivo, aunque los eventos de la novela est\u00e1n situados en la \u00e9poca de C\u00e1rdenas, considero que la novela encapsula un componente transhist\u00f3rico que a\u00fan necesita ser explorado en el an\u00e1lisis de la voz narrativa.<\/p>\n<p>Una lectura transhist\u00f3rica del trauma y la desposesi\u00f3n facilita la tarea de delinear los fuertes lazos entre el pasado colonial y las estructuras agrarias de poder en Chiapas. El pensamiento transhist\u00f3rico permite escapar de las periodizaciones r\u00edgidas como marco interpretativo y enfatiza procesos alternativos fuera del flujo lineal del tiempo homog\u00e9neo (Bromberg 2021, 60). Estoy de acuerdo con Ericka Beckman en que la identidad ladina est\u00e1 ligada a lo ind\u00edgena a trav\u00e9s de sistemas de trabajo forzado como el bald\u00edo y que las ansiedades ladinas est\u00e1n vinculadas a sus temores de desintegraci\u00f3n de clase durante las crisis hist\u00f3ricas (2018, 142). Me interesa entender c\u00f3mo estas ansiedades y traumas racializados est\u00e1n adem\u00e1s vinculados a estructuras duraderas de desposesiones coloniales en el coraz\u00f3n de la sociedad ladina y mestiza. Mi ensayo elabora sobre la memoria afectiva ladina constituida por el fundacional &#8216;mito de la modernidad&#8217; y discute c\u00f3mo las creencias coloniales prevalecieron en la ni\u00f1a independientemente de las transformaciones materiales en la \u00e9poca post-revolucionaria.<\/p>\n<p>Por el &#8216;mito de la modernidad&#8217;, me refiero al concepto planteado por Enrique Dussel. Para Dussel, el ego moderno europeo -el cartesiano <em>ego cogito<\/em>&#8211; no es una entidad independiente y autorreferencial, sino que su existencia se basa en la invenci\u00f3n de la alteridad: el nativo conquistado y por civilizar, cuyo sacrificio es el precio inevitable de la modernizaci\u00f3n (1995, 64). El \u2018indio\u2019 como categor\u00eda sociol\u00f3gica es el resultado de un r\u00e9gimen de explotaci\u00f3n. Los mecanismos ideol\u00f3gicos de la colonia modelaron un nuevo tipo de trabajador que configur\u00f3 una nueva clase social con el elemento humano conquistado y reducido (Mart\u00ednez Pel\u00e1ez 1991, 41). En palabras de Dussel, Am\u00e9rica Latina contin\u00faa expresando la colonizaci\u00f3n desde su raza mestiza. La cultura mestiza naci\u00f3 \u2018neither from a freely entered alliance nor from steady cultural synthesis, but from the originary trauma of being dominated.\u2019 (1995, 55) Por esto, \u2018Mestizos live in their own flesh the contradictory tension of modernity as both emancipation and sacrificial myth\u2019 y \u2018cannot escape the structural oppression resulting from cultural, political, and economic dependence at national and international levels.\u2019 (1995, 125) Por ejemplo, estudios sobre los archivos coloniales sugieren que, durante el siglo XVIII en la Nueva Espa\u00f1a, la \u00fanica distinci\u00f3n entre los ladinos y los ind\u00edgenas era sus respectivas obligaciones con la corona y la administraci\u00f3n colonial, pero no realmente su color de piel o idioma (Solorzano 1984, 95). La mayor\u00eda de los ladinos de la \u00e9poca eran antiguos ind\u00edgenas desarraigados de sus comunidades originales, y econ\u00f3micamente estaban en una posici\u00f3n marginal en comparaci\u00f3n con los se\u00f1ores espa\u00f1oles y alcaldes mayores (1984, 98). Adem\u00e1s, el t\u00e9rmino ladino originalmente designaba a \u2018Hispanicized natives and people of mixed indigenous and\/or African heritage.\u2019 (Leavitt-Alc\u00e1ntara 2022, 593) Fue a lo largo del siglo XVIII que la poblaci\u00f3n ladina chiapaneca se expandi\u00f3 a medida que m\u00e1s nativos se hispanizaban en idioma, vestimenta y cultura (2022, 613). Por lo tanto, la divisi\u00f3n inherente entre la sociedad ind\u00edgena y no ind\u00edgena (asumida como una verdad por los ladinos en el curso del siglo XIX) es inexacta y oscurece la proximidad entre ambos grupos (Higgins 2004, 81).<\/p>\n<p>A pesar de que C\u00e1rdenas cre\u00f3 m\u00e1s de diez mil ejidos siguiendo una concepci\u00f3n corporativista de la sociedad, se produjo una reacci\u00f3n conservadora en la d\u00e9cada de 1940 (Weston 1983, 384). La presidencia reaccionaria de Manuel \u00c1vila Camacho favoreci\u00f3 a las \u00e9lites tradicionales, mientras que la clase trabajadora ind\u00edgena sigui\u00f3 sin poder participar efectivamente en pol\u00edtica. Asimismo, las reformas agrarias de C\u00e1rdenas no estuvieron exentas de un enfoque paternalista ni de la influencia de las \u00e9lites burocr\u00e1ticas.<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a> Aunque el agrarismo politiz\u00f3 la identidad campesina e incorpor\u00f3 su discurso en la ret\u00f3rica ciudadana post-revolucionaria, las categor\u00edas raciales pre-revolucionarias conservaron gran parte de su peso cultural (Boyer 2003, 19). Desde su literatura, Castellanos critic\u00f3 el paternalismo y la biopol\u00edtica jer\u00e1rquica que atenta contra la agencia y las formas de organizaci\u00f3n ind\u00edgena (Dalton 2018, 977).<\/p>\n<p>Aunque <em>Bal\u00fan Can\u00e1n<\/em> fue escrita durante la d\u00e9cada de 1950, las relaciones sociales conflictivas que permanecen irresueltas al cierre de la novela representan contradicciones transhist\u00f3ricas que no solo sobrevivieron a las transformaciones materiales, sino que continuaron relegando a los ind\u00edgenas a una condici\u00f3n de contraparte sacrificial. La narradora protagonista de Bal\u00fan Can\u00e1n es clave para revelar las formas en que el &#8216;mito de la modernidad&#8217; opera como una fuerza de subjetivaci\u00f3n que entrelaza los grupos ind\u00edgenas y no ind\u00edgenas. Atrapada en la paradoja traum\u00e1tica de dominar y ser dominada, la ni\u00f1a termina reproduciendo las pr\u00e1cticas coloniales fundacionales de la modernidad. Utilizando la terminolog\u00eda de Dussel, el personaje encarna el fracaso del cardenismo agrario para construir una transmodernidad alternativa capaz de desmantelar el ego moderno colonial que sostiene la subjetividad ladina. Este fracaso tendr\u00eda claras consecuencias en el transcurso de las siguientes d\u00e9cadas en el M\u00e9xico post-revolucionario.<\/p>\n<p>Para profundizar en las ideas que sustenta mi marco metodol\u00f3gico y te\u00f3rico, presento evidencia cr\u00edtica y textual que enmarca el sistema de patronazgo agrario en el cual la narradora construye sus recuerdos y negocia sus afectos frente a distintas formas de desposesi\u00f3n. Por un lado, incorporo a la lectura de la novela las teor\u00edas del trauma y del afecto para analizar la macro y micropol\u00edtica que subyace en los eventos que rodean la muerte de Mario y su conexi\u00f3n con el levantamiento ind\u00edgena. Asimismo, exploro el \u2018proceso educativo\u2019 de la ni\u00f1a narradora sobre las din\u00e1micas de subyugaci\u00f3n e insurrecci\u00f3n en el espacio agrario, determinantes para su emancipaci\u00f3n a trav\u00e9s del presunto \u2018asesinato\u2019 de su propio hermano. Las paradojas de este proceso se incorporan a mi an\u00e1lisis transhist\u00f3rico de las limitaciones del personaje para superar el sistema de patronazgo. Finalmente, mi argumento establece que la venganza es una fuerza pre-revolucionaria sacrificial entrelazada con el \u2018mito de la modernidad\u2019. La adopci\u00f3n violenta de la venganza en lugar de la justicia anuncia la supervivencia de antiguas formas de control olig\u00e1rquico y patriarcal a trav\u00e9s de econom\u00edas afectivas espec\u00edficas, a pesar de las transformaciones materiales de la reforma agraria. Dicha limitaci\u00f3n se manifiesta en las \u00faltimas l\u00edneas, cuando la voz narrativa declara que \u2018todos los indios tienen la misma cara.\u2019 (2004, 374)<\/p>\n<h4><strong>Entre la tierra y la desposesi\u00f3n<\/strong><\/h4>\n<p>Narrativamente, <em>Bal\u00fan Can\u00e1n <\/em>est\u00e1 estructurada en tres partes. En la primera y tercera partes, la narraci\u00f3n se caracteriza por el uso de la primera persona, que encarna la voz de la ni\u00f1a protagonista, hija de C\u00e9sar Arg\u00fcello y Zoraida. Los dos bloques narrativos proporcionan una perspectiva \u00edntima del n\u00facleo familiar, en el que tambi\u00e9n participan otros personajes como la nana y su hermano Mario Arg\u00fcello. Aunque estos segmentos delinean la subjetividad de la ni\u00f1a narradora y sus experiencias vitales, la reforma agraria de L\u00e1zaro C\u00e1rdenas determina el marco hist\u00f3rico de la narrativa. La segunda parte de la novela, a trav\u00e9s del uso de la tercera persona omnisciente, esboza el conflicto agrario a escala comunal y nacional, incluyendo los levantamientos ind\u00edgenas contra los antiguos se\u00f1ores ladinos de Chiapas.<\/p>\n<p>Desde la primera parte, el lector observa que la ni\u00f1a se encuentra en una posici\u00f3n liminal y marginal en el orden agrario dominado por los hombres ladinos: \u2018Soy una ni\u00f1a y tengo siete a\u00f1os. . .Y cuando me yergo puedo mirar de frente las rodillas de mi padre. M\u00e1s arriba no. . .Miro lo que est\u00e1 a mi nivel.\u2019 (2004, 134) La temprana figuraci\u00f3n de las jerarqu\u00edas se traslada a la tensa relaci\u00f3n entre los hermanos, que se introduce incluso antes que el conflicto entre los ind\u00edgenas y los se\u00f1ores ladinos. La administraci\u00f3n desequilibrada de los afectos entre ambos es decisiva para su v\u00ednculo.<\/p>\n<p>En el primer cap\u00edtulo, la ni\u00f1a est\u00e1 entusiasmada con la \u2018novedad\u2019 del descubrimiento de Am\u00e9rica. Evocando las ideas de Dussel (1995), el episodio es un hito en la subjetivizaci\u00f3n de la joven y su ego moderno. Ella se apropia de la experiencia del descubrimiento (y la conquista) en el centro de su historia y lo utiliza para establecer una afiliaci\u00f3n familiar. Orgullosa de su \u2018saber ilustrado,\u2019 comparte esta informaci\u00f3n con Mario para confirmar su avance natural de hermana mayor. Sin embargo, el ni\u00f1o reacciona sin sorpresa: \u2018Mario se queda vi\u00e9ndome como si el m\u00e9rito no me correspondiera y alza los hombros con gesto de indiferencia. La rabia me sofoca. Una vez m\u00e1s cae sobre m\u00ed todo el peso de la injusticia.\u2019 (2004, 134) Un simple gesto de Mario es m\u00e1s que suficiente para exponer la fr\u00e1gil posici\u00f3n en la que se encuentra la narradora. La aparente inocencia de Mario encapsula el lado m\u00e1s oscuro de la historia de Col\u00f3n del que la ni\u00f1a no est\u00e1 consciente. Como explica Dussel, con la experiencia colonial, tuvo lugar la subyugaci\u00f3n er\u00f3tica de la mujer ind\u00edgena bajo la libido de los espa\u00f1oles, erigiendo los est\u00e1ndares de la doble moral de la cultura machista hegem\u00f3nica (1995, 46). La rabia de la narradora es la expresi\u00f3n de la experiencia traum\u00e1tica de ser dominada, aunque ignore los or\u00edgenes hist\u00f3ricos de su ira.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de ocupar una posici\u00f3n secundaria en el mundo ladino, la ni\u00f1a est\u00e1 constantemente expuesta a la influencia cultural de su nana ind\u00edgena, coexistiendo la cosmovisi\u00f3n ind\u00edgena y el mundo blanco en un continuo contraste (Crumley de P\u00e9rez 1984, 492). Su v\u00ednculo afectivo facilita la incorporaci\u00f3n de mitos y saberes ind\u00edgenas como una alternativa poderosa frente a las limitaciones de su vida cotidiana. Los textos mayas coloniales, como <em>El libro del consejo <\/em>(<em>Popol Vuh<\/em>), los <em>Libros de Chil\u00e1m Bal\u00e1m<\/em> y los <em>Anales de los cakchiqueles<\/em>, dialogan con la narrativa de la nana y proyectan su mundo cultural. Fechados poco despu\u00e9s de la conquista, estos ten\u00edan \u2018el prop\u00f3sito fundamental de fortalecer la religi\u00f3n maya frente a la imposici\u00f3n de las creencias cristianas\u2019 (Negr\u00edn Mu\u00f1oz 2008, 61). Por ello, la versi\u00f3n de la nana sobre la conquista expresa una forma de resistencia cultural que contrasta con la narrativa ladina del \u2018descubrimiento\u2019: \u2018. . .Y entonces, col\u00e9ricos, nos desposeyeron, nos arrebataron lo que hab\u00edamos atesorado: la palabra, que es el arca de la memoria\u2019 (2004, 133). Este trasfondo cobra relevancia en la historia. Adem\u00e1s de la desposesi\u00f3n material de sus tierras, los ind\u00edgenas fueron privados de la palabra y la memoria hasta ser reducidos en sirvientes de los ladinos. El silencio opera como una forma de subordinaci\u00f3n que perpet\u00faa la hegemon\u00eda ladina sobre los cuerpos ind\u00edgenas y femeninos.<\/p>\n<p>Ladina, pero mujer, a la ni\u00f1a Arg\u00fcello se le niega una voz propia y recibe una educaci\u00f3n inferior a la de su contraparte masculina en una escuela local para ni\u00f1as: \u2018Nadie ha logrado descubrir qu\u00e9 grado cursa cada una de nosotras. Todas estamos revueltas aunque somos tan distintas.\u2019 (2004, 137) Dalton observa que la novela retrata c\u00f3mo las din\u00e1micas educativas en el mundo ladino reproducen una econom\u00eda que asigna valor productivo a las personas seg\u00fan su g\u00e9nero y raza (2014, 151). Vemos que el desarrollo de la identidad de la ni\u00f1a est\u00e1 entrelazado con la marginalidad ind\u00edgena dada la necesidad de subvertir el poder patriarcal basado en el dominio del lenguaje colonial. El habla y el conocimiento se presentan como instrumentos de su dominaci\u00f3n y apropiaci\u00f3n del mundo (Fiscal 1985, 29).<\/p>\n<p>La afirmaci\u00f3n de la ni\u00f1a en el mundo depende de su capacidad para conquistar un lugar dentro de las relaciones agrarias. Esto se traduce en una lucha a muerte por contar su propia historia. Las fracturas en la voz narrativa y las m\u00faltiples referencias al mundo cultural y mitos ind\u00edgena nos invitan a reflexionar sobre su prop\u00f3sito en el conflicto identitario de la ni\u00f1a (Castillo 1992, 229). En particular, el mito del dzul\u00fam cobra especial importancia al funcionar como una cr\u00edtica simb\u00f3lica del r\u00e9gimen patriarcal en la Chiapas rural de los a\u00f1os treinta y ampliar nuestra comprensi\u00f3n de las din\u00e1micas de poder en la familia Arg\u00fcello. Chris Harris sostiene que el dzul\u00fam alegoriza la violaci\u00f3n y el suicidio, revelando c\u00f3mo la masculinidad patriarcal amenaza la vida de las mujeres ladinas, incluyendo a la ni\u00f1a (2011: 692). Ariel Zatarain Tumbaga, por su parte, propone que el mito ofrece a las mujeres la posibilidad de reconfigurar sus identidades y transformarse en \u2018monstruos\u2019 sociales que desaf\u00edan el orden (2014, 141). Esta conexi\u00f3n simb\u00f3lica con la criatura abre para la ni\u00f1a narradora una v\u00eda de redefinici\u00f3n para desafiar su propia marginalizaci\u00f3n: adopta la venganza ind\u00edgena como una forma de autoafirmaci\u00f3n. Sin embargo, ella no percibe a los ind\u00edgenas como una clase campesina organizada capaz de actos pol\u00edticos comunitarios.<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a> A pesar de su proximidad con la nana, tergiversa el mundo ind\u00edgena como una contraparte b\u00e1rbara situada en tiempos premodernos. Por lo mismo, la \u2018apropiaci\u00f3n\u2019 de sus poderes para la venganza contra Mario merece nuestra atenci\u00f3n bajo el enfoque de la teor\u00eda de los afectos.<\/p>\n<p>Los afectos y las emociones son fen\u00f3menos socioculturales incorporados en el lenguaje que los individuos y las comunidades utilizan para codificar el mundo. Los afectos son la microfundaci\u00f3n de cualquier acci\u00f3n pol\u00edtica y de la institucionalidad macropol\u00edtica (Demertzis 2013, 4). No son simplemente un sustrato biol\u00f3gico que emana de los individuos, sino de las relaciones entre individuos y sus contextos sociales. Dicha premisa ha sido consistentemente discutida en los trabajos de Spinoza, Deleuze, Guattari y Bourdieu.<\/p>\n<p>Por un lado, Spinoza concibe los afectos como una actividad de contacto, en la cual dos modos de ser, ya sean cuerpos o ideas, se encuentran para afectarse mutuamente (Meiborg et al. 2016, 10) Aunque cada composici\u00f3n afectiva var\u00eda de un individuo a otro, en el enfoque de Spinoza, los afectos y las emociones son una \u2018intersecci\u00f3n transindividual\u2019 entre los individuos y la individualizaci\u00f3n colectiva (Read 2016, 108). Por otra parte, Deleuze y Guattari han teorizado sobre las econom\u00edas afectivas y la producci\u00f3n y consumo de afectos en la estructuraci\u00f3n de la vida individual y colectiva. Para ellos, las estructuras comunes del sentir est\u00e1n por encima del intercambio de ideas y de las nociones comunes sobre la organizaci\u00f3n de las comunidades pol\u00edticas (1983, 41).<\/p>\n<p>Considerando que los afectos son la materia prima de los sistemas d producci\u00f3n y el consumo del deseo en la sociedad, Bourdieu analiza la distribuci\u00f3n sociocultural de los afectos y su capacidad para crear afinidades en torno a ciertas formas de sentir. El soci\u00f3logo franc\u00e9s afirma que los individuos est\u00e1n inmersos en espacios ricos en s\u00edmbolos y significados que inscriben trayectorias hist\u00f3ricas de jerarqu\u00edas y encuentros con normas y expectativas sociales. Las variadas reacciones depender\u00e1n de las diferentes afinidades que surjan de la pertenencia a comunidades dis\u00edmiles. Para Bourdieu, \u2018Symbolic violence is the transfiguration of relations of domination and submission into affective relations.\u2019 (1998, 102) La violencia simb\u00f3lica puede desprenderse de cualquier relaci\u00f3n afectiva, siendo esta \u00faltima el resultado de encuentros cotidianos llenos de jerarqu\u00edas sociales. En otras palabras, \u201cThis affective practice composes the performativity aspects of class, where an affinity with categories, genres, aesthetics, symbols and morals \u2018make class\u2019.\u201d (Threadgold 2020, 107)<\/p>\n<p>Volviendo al an\u00e1lisis de <em>Bal\u00fan Can\u00e1n<\/em>, el componente pol\u00edtico del trauma, en lugar de ser pre-discursivo, no existe por fuera de las fuerzas de significaci\u00f3n que atraviesan la compleja red de los afectos: cualquier proceso de ensamblaje o afinidad afectiva implica el discurso (Anderson 2014, 89). Las orientaciones de atracci\u00f3n o rechazo de ciertas experiencias o formas de sentir son afines a determinadas estructuras o grupos sociales. Para Sarah Ahmed, \u201can affective economy is a way of thinking about how \u2018emotions work to align some subjects with some others and against one others\u2019.\u201d (2014, 117) Del mismo modo, Emma Hutchison sugiere que no es suficiente abordar el trauma como una experiencia psiqui\u00e1trica e \u00edntima, sino m\u00e1s bien situarlo en el entorno social en el que las comunidades tienen una vida pol\u00edtica. Los eventos traum\u00e1ticos constituyen formas espec\u00edficas de comunidades pol\u00edticas y, por lo tanto, los procesos cognitivos y las experiencias individuales son consistentes con la influencia de la comunidad pol\u00edtica (2016, 2). El desaf\u00edo de este an\u00e1lisis es \u2018to uncover more precisely how trauma intrudes into public awareness and, in turn, plays an important though often silenced and seemingly subliminal role.\u2019 (2016, 12) Hutchison observa que las emociones son una parte crucial para entender la articulaci\u00f3n entre eventos traum\u00e1ticos y la construcci\u00f3n de comunidades pol\u00edticas, especialmente en per\u00edodos de crisis. Por lo tanto, es relevante conceptualizar la naturaleza pol\u00edtica de las emociones y qu\u00e9 fuerzas afectivas las causan.<\/p>\n<p>Aunque la cr\u00edtica anterior de la novela no ha prestado atenci\u00f3n a las din\u00e1micas afectivas descritas, Brian Gollnick da cuenta de c\u00f3mo Castellanos retrata los diferentes niveles de conflicto que abarcan las dimensiones local, regional, nacional y global dentro de un marco de experiencias vitales complejas (2016, 192). Las m\u00faltiples dimensiones de este conflicto hacen que el debate sobre la narradora ni\u00f1a tome varias direcciones. Gollnick distingue entre aquellos que argumentan que la ni\u00f1a encarna una cultura h\u00edbrida que oscila entre lo ladino y lo ind\u00edgena, mientras que otras voces desestiman esta posibilidad ut\u00f3pica y ven un resultado incoherente en su formaci\u00f3n como sujeto. Desde mi punto de vista, analizar la novela a trav\u00e9s de las lentes de la afectividad traum\u00e1tica transhist\u00f3rica tiene la virtud de no intentar encontrar en su comportamiento una identificaci\u00f3n dial\u00e9ctica y coherente con la causa ind\u00edgena o con el feminismo de los ensayos y poemas de Castellanos. M\u00e1s all\u00e1 de afirmar que <em>Bal\u00fan Can\u00e1n<\/em> explora \u2018lo discontinuo, cambiante y contradictorio del proceso de (auto)conocimiento y (auto)definici\u00f3n a trav\u00e9s de la escritura\u2019 (Mel\u00e9ndez 1998, 353), esta perspectiva permite dilucidar el papel de la venganza como una fuerza incapaz de lograr una renovaci\u00f3n hist\u00f3rica, corregir la administraci\u00f3n desequilibrada del poder y sanar los lazos afectivos.<\/p>\n<p>La pr\u00f3xima secci\u00f3n demuestra c\u00f3mo el \u2018proceso educativo\u2019 de la voz narrativa respecto a las din\u00e1micas de subyugaci\u00f3n e insurrecci\u00f3n en el espacio agrario culmina con la adopci\u00f3n del \u2018mito de la modernidad\u2019 y de la venganza sacrificial para lograr su emancipaci\u00f3n relativa. En mi lectura, la mala traducci\u00f3n y apropiaci\u00f3n del mundo ind\u00edgena como una fuente diab\u00f3lica y can\u00edbal es fundamental para las circunstancias narrativas de la muerte de Mario durante los levantamientos ind\u00edgenas. La subjetivaci\u00f3n de la ni\u00f1a a trav\u00e9s de la venganza ser\u00e1 determinante para explicar la permanencia de la culpa y la afectividad traum\u00e1tica del final. Ambas son expresiones de las limitaciones de la venganza para lograr un cambio sociohist\u00f3rico y constituir nuevas afinidades comunitarias en el M\u00e9xico postrevolucionario.<\/p>\n<h4><strong>Los brujos se lo est\u00e1n comiendo<\/strong><\/h4>\n<p>La ni\u00f1a narradora, desde su posici\u00f3n limitada, es poco confiable en lo que respecto a la muerte de Mario por causas sobrenaturales. Volviendo a las ideas de Beckman, la locura y la paranoia de la clase ladina, especialmente en las mujeres, son reacciones ante su posible desintegraci\u00f3n de clase en un momento de cambio hist\u00f3rico (2018: 141). Asimismo, O\u2019Connell deja en claro que los ni\u00f1os est\u00e1n mediando planos simb\u00f3licos e historias en conflicto, creando su propia narrativa que combina las creencias tzeltal y ladinas. Por consiguiente, \u201cThe reader must decide what causes the boy&#8217;s death\u2014appendicitis, the curse of the sorcerers, or the fact that the girl hid the key to the chapel, thus preventing Mario from taking first Communion so that he might be protected while the curse fell on her.\u201d (102) Por eso, m\u00e1s all\u00e1 del debate sobre la veracidad de la acci\u00f3n m\u00e1gica de los brujos, me interesa comprender los afectos detonados por el fantasma de la reforma agraria y que crean las condiciones para que la narradora transite de la pasividad hacia la rebeld\u00eda (Cypess 1978, 75).<\/p>\n<p>Si la relaci\u00f3n conflictiva entre los dos hermanos fue anunciada durante el episodio del Descubrimiento de Am\u00e9rica, el resto de la novela deja en claro la posici\u00f3n privilegiada de Mario. Dentro del orden patriarcal de los ladinos, el hombre es llamado a continuar el legado familiar; no la mujer. No soy el primero en se\u00f1alar la marginalidad de los sujetos femeninos en la novela. Nuala Finnegan explica que \u2018La ni\u00f1a es, incluso desde el principio de la novela, muy claramente un recept\u00e1culo cultural de las ideolog\u00edas racistas y sexistas de su entorno.\u2019 (2000, 21) Uno de los efectos m\u00e1s evidentes de esta ideolog\u00eda son las m\u00faltiples referencias a su insignificancia e inadecuaci\u00f3n, que resuena con el anonimato y la despersonalizaci\u00f3n ind\u00edgena, como ocurre con la nana an\u00f3nima y las voces silenciadas al comienzo de la novela. Este desequilibrio en la econom\u00eda afectiva ladina es una experiencia traum\u00e1tica en el centro de las relaciones pol\u00edticas micro y macro entrelazadas en un momento de transici\u00f3n agraria. Bajo estas circunstancias, la ni\u00f1a aprende las virtudes de la venganza con el prop\u00f3sito de prevalecer en las relaciones de poder.<\/p>\n<p>En la segunda parte, el incendio del trapiche de los Arg\u00fcello en medio de la temporada de cosecha marca un antes y un despu\u00e9s en la fortuna de la familia ladina en el contexto de las disputas con los ind\u00edgenas. La descripci\u00f3n es reveladora:<\/p>\n<blockquote><p>Fue en un momento de quietud perfecta. . .Un silencio como de muchas cigarras ebrias por su canto. Como de remotos pastizales mecidos por la brisa. . .Y entonces fue cuando brot\u00f3, entre el mont\u00f3n de bagazo, la primera llamarada. Y entonces se supo que aquella belleza inm\u00f3vil no era m\u00e1s para que el fuego la devorara. (2004, 295)<\/p><\/blockquote>\n<p>Durante este episodio, nunca se ve con certeza a los indios prendiendo fuego al trapiche, aunque para C\u00e9sar no hay duda de que fueron responsables, as\u00ed como del asesinato de Ernesto. La menci\u00f3n a la brisa y al silencio no es accidental. Por un lado, a trav\u00e9s de las leyendas de la nana, se sabe que el viento juega un papel importante para los ind\u00edgenas locales y la ni\u00f1a lo recordar\u00e1:<\/p>\n<blockquote><p>Apenas llegamos a la casa busco a mi nana para comunicarle la noticia. -Sabes? Hoy he conocido al viento. Ella no interrumpe su labor. Contin\u00faa desgranando al ma\u00edz, pensativa y sin sonrisa. Pero yo s\u00e9 que est\u00e1 contenta. -Eso es bueno, ni\u00f1a. Porque el viento es uno de los nueve guardianes del pueblo. (2004, 148)<\/p><\/blockquote>\n<p>Se sugiere que un elemento sustancial de la venganza ind\u00edgena involucra a sus divinidades y el uso de fuerzas sobrenaturales m\u00e1s all\u00e1 del control de los hombres ladinos. Estas ser\u00edan fuerzas que operan en silencio, y cuyos resultados son la destrucci\u00f3n y el desastre de los opresores. Sin embargo, esta conexi\u00f3n no debe darse por sentada. La presunci\u00f3n de que las divinidades nahuales son la raz\u00f3n genuina de la ca\u00edda del poder agrario ladino no solo desv\u00eda la atenci\u00f3n del componente de clase de la sublevaci\u00f3n campesina, sino que a\u00f1ade un tipo de contorno demon\u00edaco y b\u00e1rbaro a los futuros eventos protagonizados por los trabajadores agr\u00edcolas ind\u00edgenas.<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a><\/p>\n<p>La ni\u00f1a narradora reconoce los sistemas de creencias religiosas y supersticiones que abruman a su clase, especialmente en tiempos de crisis del r\u00e9gimen agrario, y a la vez, est\u00e1 inmersa en ellos. Despu\u00e9s de haber perdido en gran medida el control sobre la tierra y estar casi arruinados financieramente, tanto C\u00e9sar como Zoraida vuelcan sus esfuerzos en garantizar la subsistencia de su poder a trav\u00e9s de la figura de Mario. Notablemente, Zoraida es quien m\u00e1s teme por el futuro de su \u00fanico hijo, quien naci\u00f3 de su vientre caracterizado como est\u00e9ril. La ni\u00f1a narradora comprende y registra los temores de su madre sobre la brujer\u00eda:<\/p>\n<blockquote><p>Lo dijeron otros que tienen sabidur\u00eda y poder. Los ancianos de la tribu de Chactajal se reunieron en deliberaci\u00f3n. Pues cada uno hab\u00eda escuchado, en el secreto de su sue\u00f1o, una voz que dec\u00eda: \u2018que no prosperen, que no se perpet\u00faen. Que el puente que tendieron pasa pasar los d\u00edas futuros se rompa\u2019. Eso les aconsejaba una voz como de animal. Y as\u00ed condenaron a Mario. (2004, 324)<\/p><\/blockquote>\n<p>La madre no es la \u00fanica inmersa en la din\u00e1mica de supersticiones y creencias locales. Los temores de Mario son igual de v\u00edvidos. Mientras ella teme a los hechiceros; Mario la aparici\u00f3n de Catashan\u00e1, una figura demon\u00edaca de la que ambos ni\u00f1os tienen noticias a trav\u00e9s del relato de Vicenta. Para conocimiento del lector, el ni\u00f1o resulta ser mucho m\u00e1s susceptible que su hermana: \u2018Mario sali\u00f3 corriendo de la cocina y al pasar junto a la vela la apag\u00f3.\u2019 (2004, 348)<\/p>\n<p>En la novela, los ind\u00edgenas no son los \u00fanicos capaces de \u2018controlar\u2019 la brujer\u00eda para sus prop\u00f3sitos. Bas\u00e1ndonos en la lectura clandestina del manuscrito familiar por parte de la ni\u00f1a, tenemos noticias sobre las fuerzas divinas y la brujer\u00eda que operan a favor de un ladino tambi\u00e9n. Este fue el caso de Josefa Arg\u00fcello. La menci\u00f3n es breve, pero singular en comparaci\u00f3n con sus hom\u00f3logos masculinos:<\/p>\n<blockquote><p>Josefa Arg\u00fcello, su hija. Sombr\u00eda y autoritaria, impuso la costumbre del l\u00e1tigo y el uso del cepo. Dio poderes a un brujo para que nos mantuviera ce\u00f1idos a su voluntad. Y nadie pod\u00eda contrariarla sin que le siguiera un gran da\u00f1o. . .Muri\u00f3 sin descendencia, consumida en la solter\u00eda. (2004, 179)<\/p><\/blockquote>\n<p>A diferencia de la impotente Zoraida, se dice que Josefa logra controlar a los brujos y aprende a utilizar sus poderes. Supuestamente, gracias a la brujer\u00eda, escapa del destino de su sexo como reproductora del sistema patrilineal. Aunque nunca hay una confirmaci\u00f3n genuina de la existencia de esos poderes, lo importante para el an\u00e1lisis es la superstici\u00f3n como un discurso capaz de fabricar verdades que se convierten en experiencias reales que moldean el mundo ladino. Sumado a la incapacidad de los infantes para distinguir adecuadamente entre los mitos ind\u00edgenas y la racionalidad hist\u00f3rica, la instrumentalizaci\u00f3n de la brujer\u00eda e incluso de las creencias cristianas se abre como posibilidad para que la narradora organice su presunta venganza silenciosa.<\/p>\n<p>La venganza de la ni\u00f1a toma forma hacia el final de la tercera parte de la novela, cuando ambos hermanos se preparan para la primera comuni\u00f3n. La crisis de la ni\u00f1a se hace palpable de cara al miedo a la condena y al rechazo profundo de la comunidad a la que pertenece (Weatherford 1997, 41). No es casualidad que, durante sus clases de catecismo, se le revela la existencia del infierno como un lugar de castigo eterno. Seg\u00fan la narradora, este evento dej\u00f3 una marca \u00fanica en el v\u00ednculo fraterno: \u2018Mario y yo hab\u00edamos vivido siempre distra\u00eddos, mirando para otro lado, sin darnos cuenta cabal uno del otro. Pero ahora adquirimos, repentinamente, la conciencia de nuestra compa\u00f1\u00eda.\u2019 (2004, 344) La conciencia de la ni\u00f1a sobre la jerarqu\u00eda desigual entre su hermano y ella en el orden del afecto familiar y el poder ladino es mucho anterior a este momento. Sin embargo, la revelaci\u00f3n sobre el infierno sacude los profundos temores sobre su destino social determinado por su g\u00e9nero. En un mundo dominado por los hombres ladinos, el infierno no parece ser un lugar destinado al ni\u00f1o var\u00f3n.<\/p>\n<p>Castellanos enmarca el v\u00ednculo entre los hermanos en la din\u00e1mica de venganza y traici\u00f3n que caracteriza a la sociedad ladina y evidencia su incapacidad para cultivar la compasi\u00f3n (Anzzolin 2019, 29). La decisi\u00f3n de la ni\u00f1a de esconder la llave del oratorio y dejar que su hermano se retuerza de culpa hasta morir responde a un conflicto radical del cual solo uno puede salir vivo:<\/p>\n<blockquote><p>Lo he dejado retorcerse y sufrir, sin abrir el cofre de mi nana. Porque tengo miedo de entregar esa llave. Porque me comer\u00edan los brujos a m\u00ed; a m\u00ed me castigar\u00eda Dios, a m\u00ed me cargar\u00eda Catashan\u00e1. \u00bfQui\u00e9n iba a defenderme? Mi madre no. Ella solo defiende a Mario porque es el hijo var\u00f3n. (2004, 363)<\/p><\/blockquote>\n<p>Las circunstancias detr\u00e1s de la muerte de Mario y las estrategias utilizadas por la ni\u00f1a narradora ya han sido objeto de an\u00e1lisis por parte de los cr\u00edticos que me preceden. Por un lado, Helene Weldt-Basson estudia c\u00f3mo el silencio es una estrategia recurrente de las escritoras en la literatura latinoamericana del siglo XX como parte de una protesta feminista oculta antes del surgimiento del movimiento a finales de los a\u00f1os sesenta y setenta (2009, 30). Bajo t\u00e9rminos similares, Finnegan se\u00f1ala que la narradora emplea con \u00e9xito el silencio como un medio para eliminar a su hermano y dar cabida a una versi\u00f3n femenina de los eventos que rivalice con la historia oficial (2000, 12). Esto podr\u00eda ser una poderosa met\u00e1fora de la resistencia femenina. Sin embargo, la certeza de estas interpretaciones se complica debido a la culpa que invade a la protagonista.<\/p>\n<p>Durante el episodio del entierro, ella expresa su arrepentimiento y dolor profundo por la p\u00e9rdida: \u2018Vuelvo la cara con repugnancia. No, no lo pod\u00eda soportar. Porque no es Mario, es mi culpa la que se est\u00e1 pudriendo en el fondo de ese caj\u00f3n.\u2019 (2004, 367) Supuestamente, con la muerte del hermano, la ni\u00f1a finalmente \u2018ser\u00e1 capaz de expresar por escrito su percepci\u00f3n del mundo\u2019 y diferenciarse de las generaciones anteriores de mujeres (Luna Ch\u00e1vez et al., 2020, 68). Entonces, \u00bfpor qu\u00e9 su propia escritura reproduce el nombre del hermano al final de la novela? Si se supon\u00eda que el poder masculino ladino llegar\u00eda a su fin con la muerte de Mario y la destrucci\u00f3n del trapiche, \u00bfpor qu\u00e9 sigue reproduciendo las econom\u00edas afectivas de ese sistema, incapaz de superar los traumas implantados por su entorno social? La \u00faltima secci\u00f3n muestra c\u00f3mo la venganza de la protagonista opera bajo una l\u00f3gica colonial de desposesi\u00f3n y sacrificio que perpet\u00faa el \u2018mito de la modernidad\u2019. No es mi intenci\u00f3n negar las transformaciones que singularizan a la ni\u00f1a respecto a sus predecesores; m\u00e1s bien, se\u00f1alar los elementos detr\u00e1s de la supervivencia de los valores ladinos a pesar de las transformaciones econ\u00f3micas fomentadas por el cardenismo agrario.<\/p>\n<h4><strong>\u2018Todos los indios tienen la misma cara\u2019<\/strong><\/h4>\n<p>El episodio de la primera comuni\u00f3n ha llamado la atenci\u00f3n en los diversos estudios sobre <em>Bal\u00fan Can\u00e1n<\/em>. En particular, la tesis de John Weatherford sobre el tema de la \u2018iniciaci\u00f3n\u2019 en la literatura de Castellanos ofrece una entrada de an\u00e1lisis valiosa a la afectividad en conflicto de la narradora. Seg\u00fan Weatherford, la iniciaci\u00f3n es un proceso que suele implicar la adquisici\u00f3n de una nueva identidad social o metaf\u00edsica, acompa\u00f1ada de cambios en el conocimiento, visi\u00f3n del mundo, estatus social y roles de g\u00e9nero (1997, 12). Sin embargo, en la narrativa de Castellanos, estas transiciones est\u00e1n marcadas por las crisis de una sociedad en conflicto. La iniciaci\u00f3n femenina suele caracterizarse por la pasividad, el encierro y una sensaci\u00f3n de fracaso en un mundo lleno de restricciones ajenas a la experiencia masculina (1997, 13\u201314). El discurso del fracaso resuena particularmente en <em>Bal\u00fan Can\u00e1n<\/em>. Para Weatherford, si bien la ni\u00f1a se convierte en el s\u00edmbolo del fin de una era en el M\u00e9xico rural, tambi\u00e9n personifica la imposible socializaci\u00f3n en una comunidad fracasada (1997, 22).<\/p>\n<p>La interpretaci\u00f3n anterior a\u00f1ade un importante componente a nuestra reflexi\u00f3n sobre el final de <em>Bal\u00fan Can\u00e1n<\/em>, en particular, de dos pasajes que han estado en el centro de las discusiones sobre los aspectos indigenistas y feministas de la novela. El primer momento es el &#8216;encuentro&#8217; entre la ni\u00f1a y la nana despu\u00e9s de la muerte de Mario. Mientras la ni\u00f1a camina por la calle principal, cree por un momento que encontr\u00f3 a su ni\u00f1era:<\/p>\n<blockquote><p>\u00a1Es mi nana! \u00a1Es mi nana! Pero la india me mira correr, impasible, y no hace un adem\u00e1n de bienvenida. Camino lentamente, m\u00e1s lentamente hasta detenerme. Dejo caer los brazos, desalentada. Nunca, aunque yo la encuentre, podr\u00e9 reconocer a mi nana. Hace tiempo que nos separaron. Adem\u00e1s, todos los indios tienen la misma cara. (2004, 374)<\/p><\/blockquote>\n<p>El segundo momento se narra justo despu\u00e9s. Tan pronto como la ni\u00f1a regresa a casa, comienza a escribir sus recuerdos:<\/p>\n<blockquote><p>Cuando llegu\u00e9 a la casa busqu\u00e9 un l\u00e1piz. Y con mi letra inh\u00e1bil, torpe, fui escribiendo el nombre de Mario. Mario, en los ladrillos del jard\u00edn. Mario en las paredes del corredor. Mario en las p\u00e1ginas de mis cuadernos. Porque Mario est\u00e1 lejos. Y yo quisiera pedirle perd\u00f3n. (2004, 375)<\/p><\/blockquote>\n<p>Respecto a ambos episodios, la mayor\u00eda de an\u00e1lisis se centran en el desarrollo de un sujeto femenino y su autor\u00eda en un contexto donde el espacio sigue siendo racializado y la nostalgia por un pasado perdido perdura.<\/p>\n<p>Por un lado, Estelle Tarica argumenta que la ni\u00f1a narradora asume una perspectiva coherente con el indigenismo oficial que considera la cultura ind\u00edgena como externa a la civilizaci\u00f3n (2008, 173). Por otro lado, Joshua Lund afirma que nos enfrentamos a la resistencia de la ni\u00f1a al Estado mestizo y el cierre muestra un espacio agrario a\u00fan racializado (2012, 76). La supervivencia de la racializaci\u00f3n a pesar de las transformaciones de la reforma lleva a Kevin Anzzolin a argumentar que la novela opera dentro de las coordenadas de un \u2018indigenismo dial\u00e9ctico\u2019 infructuoso. La dificultad de la ni\u00f1a para distinguir a su nana es un s\u00edntoma de su incapacidad para empatizar plenamente con los pueblos ind\u00edgenas y el fracaso de la sociedad ladina para cultivar la compasi\u00f3n (2019, 33). Para Priscilla Mel\u00e9ndez, la escritura nost\u00e1lgica de la ni\u00f1a ejemplifica la lucha por un lenguaje liberador capaz de representar al \u2018otro\u2019 como parte del flujo contradictorio de <em>Bal\u00fan Can\u00e1n<\/em> (1998, 355) Es decir, su escritura aliviar\u00eda un pasado de diferencia racial cuya perspectiva narrativa retrata la permanencia de una violenta desconexi\u00f3n social (Ward 2010, 201).<\/p>\n<p>Las posiciones cr\u00edticas sobre el final coinciden con dos ideas. Primero, la supervivencia de un discurso racializado basado en la ideolog\u00eda de la civilizaci\u00f3n, y segundo, la constituci\u00f3n del sujeto femenino a\u00fan adherido al antiguo orden patriarcal. Aunque encuentro estas proposiciones atractivas, mi contribuci\u00f3n no busca resolver los debates espec\u00edficos sobre la literatura indigenista y feminista de Castellanos. Mis conclusiones se relacionan con los afectos contradictorios en el desarrollo de la narradora y su socializaci\u00f3n en una comunidad fracasada. Bas\u00e1ndome en un enfoque transhist\u00f3rico del trauma colonial, estoy m\u00e1s inclinado a afirmar que esta es una narradora atrapada en la experiencia mestiza de la modernidad: entre la emancipaci\u00f3n y el mito sacrificial.<\/p>\n<p>Siguiendo las ideas de Dussel, el ego moderno existe debido a su contraparte sacrificial premoderna; el ind\u00edgena conquistado, civilizado o exterminado. En tiempos republicanos, la clase ladina, ni ind\u00edgena ni europea, perpet\u00faa la l\u00f3gica sacrificial a trav\u00e9s de las nuevas din\u00e1micas de trabajo forzado explicadas por Beckman. Tarde o temprano, la narradora ni\u00f1a aprende que habita un espacio liminal del mundo ladino en el que nunca se convertir\u00e1 en sujeto de poder, implicando el \u00e9xito de su contraparte masculina su propia muerte. Por lo tanto, deja atr\u00e1s la inacci\u00f3n de las dem\u00e1s mujeres y, movilizada por el afecto, adopta una posici\u00f3n activa contra la desposesi\u00f3n y la despersonalizaci\u00f3n en un momento de debilidad del orden ladino. Sin embargo, la resoluci\u00f3n de su dilema opera a trav\u00e9s del desempe\u00f1o de otro sacrificio: la muerte de su hermano. En otras palabras, la presunta venganza depende de la misma l\u00f3gica sacrificial de la modernidad colonial para alcanzar la renovaci\u00f3n hist\u00f3rica y transformar las jerarqu\u00edas de poder. En consecuencia, en lugar de lograr una especie de justicia con efectos reparadores y restituci\u00f3n contra la desposesi\u00f3n, la narradora queda atrapada en un c\u00edrculo de afectividad traum\u00e1tica. Las escenas finales de la ni\u00f1a despreciando a los ind\u00edgenas y, a su vez, llorando la p\u00e9rdida de su hermano, solo muestran la paradoja mestiza: la incapacidad de construir comunidades afectivas integradoras. Por ejemplo, despu\u00e9s de los eventos violentos de Comit\u00e1n y Chactajal, la ni\u00f1a no puede integrarse con los ind\u00edgenas debido a sus sentimientos conflictivos movidos tanto por sus supuestos deseos de venganza contra su clase como por sus poderes demon\u00edacos. Como se mencion\u00f3, la ni\u00f1a constantemente traduce err\u00f3neamente el conocimiento de su nana, o este est\u00e1 contaminado por su contexto ladino. La frase \u2018todos los indios tienen la misma cara\u2019 no simplemente destaca las diferencias en el color de la piel, sino la profunda creencia sobre la premodernidad ind\u00edgena, digna de sacrificio por el bien de la civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por otro lado, la novela muestra los efectos destructivos de la venganza. No me refiero solo a la obvia destrucci\u00f3n de la familia de la ni\u00f1a, sino a la cancelaci\u00f3n del futuro mismo. O\u2019Connell precisa que en la novela \u2018. . . two forces prevent a resolution of cultural conflict through the ideal of cultural syncretism: the continuing material conflicts over land and justice, and the mother&#8217;s curse, motivated by oppressive patriarchal constructions of womanhood\u2019 (1995, 104). Como resultado, \u2018The girl starts to write out of a sense of guilt, but what she writes over and over is her brother&#8217;s name. His story subsumes her own story.\u2019 (1995, 104) La tendencia casi compulsiva de la narradora a aferrarse a las pr\u00e1cticas y valores del antiguo orden descomponi\u00e9ndose es una met\u00e1fora de la violencia c\u00edclica que el nuevo Estado post-revolucionario no ha logrado romper.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis transhist\u00f3rico de los afectos y el trauma muestra las dificultades \u00e9ticas y sociales que enfrenta el proyecto del Estado-Naci\u00f3n Mestizo de C\u00e1rdenas. L\u00e1zaro C\u00e1rdenas imagin\u00f3 un modelo corporativista de sociedad para reorganizar M\u00e9xico y cumplir las promesas de la Revoluci\u00f3n Mexicana. Seg\u00fan Charles Weston, dos fueron los temas urgentes bajo la administraci\u00f3n de C\u00e1rdenas. Primero, la creaci\u00f3n una sociedad \u2018characterized by unity and coherence rather than by diversity and conflict;\u2019 y segundo, la creencia que \u2018functional groups provide the natural basis for political and social integration.\u2019 (1983, 387). Sin embargo, la creaci\u00f3n del sistema ejidal y de uniones comunales como la Confederaci\u00f3n Nacional Campesina (CNC), el programa de educaci\u00f3n socialista y las pol\u00edticas intervencionistas que intentaron transformar la vida rural ind\u00edgena fueron insuficientes (Higgins 2004, 125). La prueba demoledora es lo que sucedi\u00f3 despu\u00e9s del fin de su gobierno: el menoscabo de la autonom\u00eda ind\u00edgena a manos de la nueva burocracia agraria oficial, la desradicalizaci\u00f3n en favor de una estrategia econ\u00f3mica m\u00e1s conservadora y la incapacidad para hacer cumplir las reformas laborales. El colapso definitivo del legado de C\u00e1rdenas ocurri\u00f3 d\u00e9cadas despu\u00e9s durante la administraci\u00f3n de Salinas, que puso fin al ejido en manos de la econom\u00eda neoliberal globalizada (Watters 2021, 80). Esto no solo caus\u00f3 el declive de la revoluci\u00f3n que promet\u00eda empoderar a la clase trabajadora, sino tambi\u00e9n la repetici\u00f3n de los ciclos de desposesi\u00f3n colonial traum\u00e1tica.<\/p>\n<p>El valor literario de <em>Bal\u00fan Can\u00e1n<\/em> radica en expresar c\u00f3mo la fundaci\u00f3n de una comunidad postrevolucionaria exige la reorganizaci\u00f3n del r\u00e9gimen afectivo a\u00fan dominado por desposesiones coloniales traum\u00e1ticas, deseos destructivos de venganza y la creencia en el necesario sacrificio del Otro. El an\u00e1lisis transhist\u00f3rico permiti\u00f3 descubrir un aspecto importante que la novela misma no muestra expl\u00edcitamente con respecto a las relaciones de poder material en Chiapas. Siguiendo la biograf\u00eda de Castellanos, se sabe que su familia perdi\u00f3 temporalmente sus tierras, pero las clases ladinas siguieron siendo poderosas durante mucho m\u00e1s tiempo y lograron conservar algunas de las mejores tierras. La reforma agraria que <em>Bal\u00fan Can\u00e1n<\/em> evoca realmente no destruy\u00f3 a la clase terrateniente, aunque, en la vida de Castellanos, hizo que la familia se mudara a la Ciudad de M\u00e9xico. En este sentido, tanto el r\u00e9gimen material como el afectivo perduraron, incluso cuando la amenaza a ese orden caus\u00f3 estragos como muestra la psicosis de las mujeres, la muerte de los hombres ladinos y la culpa que la ni\u00f1a narradora.<\/p>\n<p>Mi aporte al an\u00e1lisis de la novela revel\u00f3 c\u00f3mo Castellanos figura que, incluso si ciertas estructuras materiales generan econom\u00edas y reg\u00edmenes afectivos espec\u00edficos, los intentos por transformar la realidad material fracasan si no se aborda tambi\u00e9n el terreno afectivo. Como explica la teor\u00eda de los afectos, un r\u00e9gimen afectivo espec\u00edfico crea ciertos tipos de comunidades pol\u00edticas e influye en las formas en que los individuos se relacionan con los dem\u00e1s. En la novela, las formas de sentir ladinas no solo prevalecen, sino que tambi\u00e9n anuncian la continuidad de comunidades racializadas en conflicto. Por \u00faltimo, la narradora ni\u00f1a muestra que, incluso si se produce un cambio material o un impulso emancipador, el r\u00e9gimen afectivo colonial termina operando como una fuerza conservadora que restaura o sostiene formas previas de relaciones sociales. Al final, los ind\u00edgenas siguen siendo la contraparte sacrificial, los que tienen la misma cara.<\/p>\n<h4>Notas<\/h4>\n<h5><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> En Chiapas, la Comunidad Revolucionaria Institucional eventualmente \u2018undermined indigenous autonomy by inserting state power into Tzeltal and Tzotzil villages.\u2019 Adem\u00e1s, los terratenientes locales encontraron la manera de retrasar las reformas de la burocracia agraria federal (Nolan-Ferrell 2010, 581).<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> A los ojos de los personajes ladinos, la brujer\u00eda y los crueles asesinatos eran algunos de los m\u00e9todos empleados por los ind\u00edgenas de Chiapas para tomar posesi\u00f3n de sus tierras. Bajo esos t\u00e9rminos, la venganza puede sonar como un t\u00e9rmino apropiado. Sin embargo, esto no guarda relaci\u00f3n con lo que muestran los registros hist\u00f3ricos: \u2018Campesinos, planters and political officials created extensive paper trails through correspondence, reports, petitions, and court cases found in national, state and local archives.\u2019 (Nolan-Ferrell 2010, 555)<\/h5>\n<h5><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Encuentro sugerente c\u00f3mo el imaginario cat\u00f3lico anti idolatra de la colonia a\u00fan ejerce una fuerte influencia en la cultura ladina en el siglo veinte. Discursos similares se remontan a la conquista del Nuevo Mundo. Durante ese per\u00edodo \u2018Franciscan puts extreme stress on the predisposition of the demon to deceive, to lie, and to perform illusions or carry out frauds.\u2019 (Campagne 2004, 32)<\/h5>\n<h4>Bibliograf\u00eda<\/h4>\n<h5>Ahmed, Sarah. 2014. The Cultural Politics of Emotion (2nd ed.), Edinburgh: Edinburgh University Press.<\/h5>\n<h5>Anderson, Ben. 2014. 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Basado en la teor\u00eda de los afectos y del trauma, estudio las implicaciones pol\u00edticas de la venganza y la culpa como emociones clave que dirigen la afectividad de la protagonista dentro del marco de dominaci\u00f3n patriarcal y ladina. Una lectura transhist\u00f3rica del trauma delinea los lazos entre el pasado colonial y las estructuras del poder agrario en Chiapas para elucidar los contradictorios afectos raciales en el coraz\u00f3n de la sociedad ladina y mestiza. 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